sábado, 27 de mayo de 2017

A más Parménides menos Platón.

Y, releo a Parménides por entero, en una edición filológica, meticulosa, que se adentra en la transmisión textual del poema. Si es verdad eso de que, al fin y al cabo, los filósofos son literatos, puede que ningún texto filosófico haya superado al poema de Parménides como manifestación suprema de la ética-estética. Con Parménides entiendo que las cosas, para que puedan revelar su significado esencial deben ser contempladas.


El amor a la literatura es soledad; con María Zambrano: "escribir es defender la soledad en que se está" ("¿Por qué se escribe?").

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Quien no conoce el amor no entiende el nosotros.

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Libertad no conozco sino la de haber sido nadie, como Ulises, como ser uno siempre en nada.
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[...] La vida está en el arco de tu sangre, -óvalo transparente y desvestido-, como suceso de la luz y trama [...]
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En Literatura el estilo es designio y huella: el sonido de la palabra en su timbre y pensamiento nunca inventados.
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Cuanto más te alejes del logos tu palabra irá siendo una hueca resonancia de la nada.

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Desde Parmémides, en poesía se evidencia, como en ningún otro género literario, lo que es tanto como lo que no es.
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Cuántos Antístenes, Crates de Tebas, Diógenes de Sinope y Menipos, cuántos cínicos y tristes, cuántos. Floripondios del arte poética.
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Detrás de un hombre o hay palabras o hay acciones. Y pienso que las palabras son acciones en el ideario de lo que mostramos.
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Hubo un tiempo en que la literatura era una forma de transmisión de las Humanidades, de conocimiento. Aunque parezca inverosímil.

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La ignorancia conduce a la envidia y remonta en vanidad. En la ignorancia todo es egolatría. Nunca la belleza procede del silbo ignorante.


lunes, 22 de mayo de 2017

Estación olvido. Focea.

TODA la noche leyendo a Kingsley. Los oscuros lugares del saber (Atalanta) me redescubre a Parménides, su poema, y matiza la transmisión platónica del conocimiento metafísico del poema. 
Anida en ese poema un misterio iniciático que me condujo al umbral de piedra. No quiero pasar el umbral, ni alejarme de él. Ese umbral no tiene altura ni medida, tan solo sitúa el ser del individuo en el cosmos.

La noche parece guiada por los iatromantes y sacerdotes de Apolo hacia el templo subterráneo del ser. Hay una resonancia sapiencial y un rito de silencio. Leer, en ese punto, es un ejercicio espiritual de asimilación y de despojo: nada de lo real vuelve a ser lo mismo, todo se torna hacia su leve estancia, una levedad infinita y estruendosa.

Está latente una incubación del conocimiento en lo profundo de ti. Todos, a poco que tomemos la espiga adecuada, descendemos al magma inicial en el que todo cobra su valor y su reflejo. Como los foceos y navegantes antiguos, entendemos el mar y sus confines, pronunciamos las cumbres sonorosas de la finitud. Todo es calma y fuego en la noche, en la noche prematura de la luz. 

Cuando leer es un auxilio ante la estulticia, cuando leer es un arraigo irrenunciable con el modo de vivir, cuando leer convierte el sur de tu boca en la estación olvido y te hace un foceo, un hombre más, en la multitud y el murmullo. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Un estado de abismo para el poeta que debe dilucidar entre ser y estar en el mundo.

LA prosa remonta en ocasiones como una suerte de tentativa que trata de dar explicaciones a lo que acontece en la vida. Como especie, como humanos, hemos definido lo que somos con la secuencia narrativa de los hechos. Ya sea con mitologías culturales, históricas o con las mitologías de alcoba, necesitamos un resorte mayor en que asentar nuestras ideas para que nos convenzan a nosotros mismos. tal es nuestra debilidad en el cosmos que ni siquiera confiamos en lo que sucede a nuestro alrededor como real y verdadero. Como si necesitáramos el amparo de una argumentación superior para que nuestras ideas soporten la levedad del ser acudimos a la palabra. Por eso es logos y por eso mismo nos deriva al jardín de senderos que se bifurcan entre el ser y estar en la literatura.

Esa disposición, a poco que uno aprecie la lírica, se va desmontando y disgregando hasta configurar un todo que sucede en aleph. Lo narrativo es una sucesión demasiado unívoca frente a la concentración y el crisol de realidades que convoca la lírica. 
La lírica, y en ella, la poesía: un punto en que se concentran todos los puntos de nuestra vida; un tiempo que aglutina todos los tiempos; un espacio que deja de ser espacio para ser totalidad.

En los acercamientos a esa tentativa el silencio irrumpe con demasiada nitidez. De la monodia narrativa al himno lírico y de ahí al magma del silencio. Existe un estado de abismo para el poeta y ese estado consiste en la disyuntiva entre ser en el mundo o estar en el mundo, entre entregarse al mar tras el canto de las sirenas o amarrarse y silenciar su voz hasta encontrar de nuevo el confín y el sentido.

Mientras todo sucede, la sociedad estipula la geografía superficial de la literatura como sucedió siempre. No es nuevo este panorama de sinrazones en la literatura y uno debe mantenerse en el equilibrio y en la estación de paz de lo que sucede. Las artes han tenido siempre cauces diversos de sucesión, por un lado, los oficiales, los que demandaban la sociedad, por otro el rumor oculto de los escritores que entienden el ejercicio como una responsabilidad ética. Es cierto que, en ocasiones, han confluido estas vertientes, pero no es lo habitual ni constante.

Y están, en todo esto, los que dicen una cosa y hacen otra, esos son los más falsos y peligrosos. Los que defienden unas ideas de la literatura pero actúan de forma contraria; los que ajustician sobre lo que debe ser la literatura pero luego defienden y se dejan arrastrar conscientemente en las aguas y los lodos de la falsa belleza literaria. Cuando escribir y publicar se convierten en ejercicios sucesivos en la vida de un individuo debería este, si da alcance su entendimiento, estipular qué medida tiene su palabra.

Esta estampa me conduce a la reflexión sobre la propia conducta humana, en ese nivel de pensamiento trato de llevar últimamente las palabras que consigno en este diario. Me va importando poco lo cotidiano, mucho menos lo vulgar y en ningún caso la fatalidad de estar rodeado de siniestros individuos. La posición ética en el mundo traslada a la construcción literaria un barniz estético que refleja, cuando se da, belleza y verdad. De la misma forma sucede al contrario, un texto oscuro, siniestro, sin literatura manifiesta la geografía humana del que ha publicado.  

Lo verdadero nos devuelve al origen y la belleza de esa verdad nos establece la medida que somos. En ese reino real y reconocible de la literatura es en donde deseo permanecer, aunque sea solo contemplando, escuchando, sin decir nada, solo con el deseo de ser sucesivo, ondulante, pertinaz y diáfano de los días en esta tierra de raíces y orígenes. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Tierra a solas me siento, sin humanos. Oigo la vida.

PARECE un momento póstumo, pero se repite en cada amanecida. Leer en la soledad y mientras ellos duermen. Como un notario ya de lo que no volverá a repetirse al menos en el recuerdo más próximo. 
No es un desasosiego o una náusea, antes al contrario, es el hito diario de vivir lo que celebro. Y eso me sobrecoge y me alienta. Como si la diosa Hygieia, como dice mi admirado Joseph Campbell, anidara en la atmósfera próxima de la respiración y nos insuflara la vitalidad de lo vivo. 

Creo en ello como en una revelación que aún no entiendo. Como si estuviera presenciando un tránsito que me sobrecoge pero que no acaba de entender. Una música secreta parece envolverlo todo, una música de raíces primarias, que propone ritmos puros de existencia, en el que solo prepondera el ritmo y la corriente orgánica de la vida. Como afirmaba Cioran, "Oigo la vida". 

Y en esa escucha, en esa contemplación permanente de lo oculto, la poesía ocupa el espacio de lo posible. La poesía que me silencia, me eclipsa, me desdice de todo lo que trato de decir. Un volcán vocabulario de sensaciones que van más allá del respeto, de la veneración.  

La palabra es un mapa desdibujado que se ha convertido en territorio total e ilimitado. No hay márgenes, no hay límites, no existe la consciencia de estar perpetrando un poema o una composición poética. Es una totalidad, repito, y escribo con tembleque de niño. Se me vienen a la cabeza los poetas de siempre y los entiendo con  más claridad aún: san Juan, fray Luis, Donne, Baudelaire, Rilke, Leopardi, Hölderlin, J.R.J., pero sobre todo Platón. Y con Platón toda la lírica primitiva antigua y las grandes epopeyas que no hicieron más que evidenciar con la palabra la ausencia de tiempos en la humanidad, las eternidades mantenidas que, en ocasiones, con el verso de Vicente Alexandre que titula el texto nos hace creernos tierra a solas...sin humanos. 




sábado, 6 de mayo de 2017

Toda mi alma, amor, por ti es consciencia.

CASI a punto de cumplirse diez años de Trópico de la Mancha de continuo, sin cesantías, sin interrupciones, sin corchetes temporales, sin cesiones al olvido y demás, sigo escribiendo en esta volandera hoja con más freza que entonces, acaso con más decisión y equilibrio.
Han cambiado muchas de cosas desde la primera vez que comencé a someterme al dictado del diario, al gozoso placer de enfrentarse como un gimnasta a la escritura diaria. Ello me ha dado muchas evidencias de lo inalcanzable, también de lo paupérrimo (que es lo que prima).
No es esta ya ninguna moda como pudiera entenderse hace años; la mayoría de los "modernos" ya no están; los que habían llegado como consecuencia de la vida siguen latentes y en la transformación natural de las cosas.
Como este mismo diario: transformación y permanencia son sus constantes. Ya no escribo a diario tomando la aritmética del calendario, sino que vivo el diario hasta que comienzo a escribir en él. Los días ya no significan una estación cerrada, sino un umbral de comienzo; la noche no es el momento final de la escritura, es el inicio más protuberante y exótico.

Y he tomado un verso de J.R.J. que puede resumir a las claras esto mismo que siente uno después de estar en la edificación de una obra, -pequeña, recoleta, almibarada-, que ya contiene diez años de itinerarios. Caminos que reciben los siguientes nombres:

ESCRIBIR LA LECTURA (2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)


CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

AL PASO DE LA EDAD (2017)


El verso de J.R.J. es el que titula este texto: "Toda mi alma, amor, por ti es consciencia", porque si algo he tomado tras los ejercicios de lectura, vida y pensamiento es consciencia (limitada, siempre, sí) del dictado del alma. Un sonido profundo tañido por la verdad que nos habita y por el origen que buscamos cuando dejamos de ser en nosotros leve vanidad y nos mostramos como río transparente, como verdad imbuida en los símbolos de la humanidad. 


sábado, 29 de abril de 2017

Mañana Rachmaninov y el espíritu del tiempo.

MAÑANA Rachmaninov, como el invierno perpetuo que me amamanta. La lluvia y el gris me apasionan y en ellos, frente a ellos, me fascina mirar por la ventana al horizonte. 
Como estos días de lluvias repentinas llevo demasiado tiempo pensando en la escritura. Y en el hecho de leer y, por ende, de vivir. Sé del movimiento cíclico de la reflexión y de las apariciones de las dudas y de las fantasmagorías de la indecisión en esto de leer y escribir. En mejor decir, solo de escribir, porque leer es un hecho ya de continuo, sin ambages ni rémoras. me refiero, esos sí, a escribir. Cada vez estoy más tentado de dejar de hacerlo, de mudar para siempre y resguardarme de volcar por más tiempo expresión, creación alguna. 

Como la literatura, la vida. Observo los días con un talante distinto al de entonces. Esa mirada Rachmaninov, - salvaje, delicada, bella, volcánica-, cada mañana, sobre los cuerpos de E. y de F. me han trastocado demasiado. Ellos me han enseñando que existen cuestiones propias de la vida que no están en los libros; que la vida sobrepasa los libros, la lectura misma, pero que no es nada la vida sin la percusión literaria, sin su jalón semántico; que existe un equilibrio entre leer y vivir que es un trópico inencontrable pero una búsqueda feliz. 

Suceden como ejecuciones musicales paralelas, como la interpretación de una partitura que no es necesario interpretarla ya, pues con tan solo leerla en la mente es suficiente. Recuerdo ahora la anécdota entre Mahler y Rachmaninov, cuando el primero dirigía al segundo y no dejaba de interrumpir el ensayo hasta que le dijo la entelequia: "Hasta que usted no toque el piano tal cual lo escribió en la partitura no seguimos". 

Y puede que todo sea ya una manifestación de lo que mi adorado Hölderlin llamaba "El espíritu del tiempo".  La transformación y la permanencia, acomodar el cambio a lo permanente. Hallar el estado de quietud y de verdad en que refulgimos a su reflejo. Lo que aquí somos un dios habrá de ampliarlo, decía el poeta alemán. Y esa aritmética de la vida parece estar encontrando un circuito cerrado, un campo de acción ya recorrido, el viso de los límites que suenan a Rachmaninov salvaje, a pienso de luz, al corazón latente en el cuerpo de armonía. 

jueves, 27 de abril de 2017

Luminaria y polifónica

EL MIEDO es ya atroz. El silencio es un cerco
inconmensurable.
Sobra todo sonido,
                               todo eco,
                                                toda sibilación incipiente.
Es una perplejidad y un estupor
y un extrañamiento perpetuo.

El correr de los días suplicando el hospicio


Luminaria y polifónica.

lunes, 24 de abril de 2017

Cuando el tiempo suceda en ti

LOS que leen poco, cuando leen algo lo manifiestan al momento. Lectores de vanidad, no de vida, que saben de la templanza y la finitud.

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La falsedad es traslúcida a la ojos del otro, pero ciega a los que la ejecutan.

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De lo siniestro la falsedad es designio de una vanidad terrible.

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Cuando el tiempo sea y suceda en ti, tú habrás sido todo ya sin haber sido nada.

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Muestra el trigo su verde estación y las espigas, en cuerpo de llamas, amarillean la muerte y el fruto renacientes al paso de la luz.
[...]

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La palabra es lumbre; en el poema magma; en la memoria, luminaria; pues sombras somos ante su figura siempre, ante su signo indescifrable.

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Incluso hay poetas que todavía desmienten su relación con la palabra.

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No todo lo que ven los ojos es real; el símbolo concilia los sentidos con el presentimiento, así nos sobrecoge en el arte y nos trasciende.




martes, 18 de abril de 2017

Ante su signo indescifrable

INCLUSO hay poetas que todavía desmienten su relación con la palabra.


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La palabra es lumbre; en el poema magma; en la memoria, luminaria; pues sombras somos ante su figura siempre, ante su signo indescifrable.


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No todo lo que ven los ojos es real; el símbolo concilia los sentidos con el presentimiento, así nos sobrecoge en el arte y nos trasciende.

***

Realmente es triste comprobar cómo lo siniestro sigue ejerciendo sus sombra donde parecía haber luz.


jueves, 13 de abril de 2017

Fray Luis recita a Calderón el Libro de Job y Borges recupera la vista en lo luminoso.

CALDERÓN se adelantó a Mary Shelley y edificó, con Segismundo, una suerte de personaje que acrisola el ideario de varios arquetipos. Más allá de las fuentes orientales que barajó en La vida es sueño. Hoy, cuando comenzaba a releer El libro de Job me acordé de tres autores. Uno de ellos Borges, el otro fray Luis y claro está Calderón.
Este último resuena en el comienzo del Primer ciclo de discurso, cuando Job maldice el día de su nacimiento. Podemos leeer lo siguiente como si el propio Job estuviera en la torre de Segismundo:

[...]
"¡Perezca el día en que nací,"

y pasados unos versículos, cuando se refiere a los hechiceros y a su poder de cambiar el curso de los astros:

"Maldíganla los que maldicen el día,
los dispuestos a despertar a Leviatán"

Remata el texto bíblico de esta forma:

"¿Por qué no morí cuando salí del seno,
o no expiré al salir del vientre"

La desdicha como fuera motriz:

"¿Para qué dar luz a un desdichado,
la vida a los que tienen amargada el alma"
[...]

Borges, por su parte, acude a los fragmentos finales del libro, a los discursos del propio Yaveh que revelan a Job los enigmas en una posición omnímoda y trascendente que tanto gustaba al escritor argentino. Lo hace jalonado por la lectura de la Exposición del libro de Job de fray Luis de león, -un paradigma de la evolución de la prosa el pensamiento en una lengua, en este caso, la española-. 
Borges encontró en estos discursos cómo la capacidad de contemplación humana es perfectamente limitada e insostenible ante el principio de unidad del cosmos. Borges encontraba en Job un reflejo de sí mismo como discípulo de la búsqueda del uno, de la metarracionalidad con que tratan de escribir el mundo. Ese Job está latente detrás de muchos de sus personajes, de los pasajes en que todo sucede más allá del tiempo de vida del individuo y se incardina en una trascendencia entendida como imposible de razonar. En ese panorama tan solo queda la entrega. Dice el propio Job, como después dirá Dante en la Divina Comedia

""Sí, he hablado de grandezas que no entiendo,
de maravillas que me superan y que ignoro,
[...]
"Yo te conocía solo de oídas,
mas ahora te han visto mis ojos"


martes, 11 de abril de 2017

Eclesiastés y el sueño de Escipión con F. y Macrobio

PORQUE la vida se fragmenta y se dispersa en un azaroso archipiélago de recuerdos, el diario va tomando precisamente ese cuerpo disforme y fragmentario. Puede que el diario refleje, mejor que ningún otro género literario, la propia disposición de la vida, a saber: lo que sucede hoy se repitió mañana y lo que venga ya ha sido y es pasado. 

Estos días he estado con F. sin dejar de observarlo y de aprender qué fuimos en el comienzo. Su cuerpo, sus manos se acompasan a la mirada brillante y perspicaz. F. me hace volverme a E. con más fuerza y pasión. Los dos me dan los días que se van restando de la vida.
F. es un dechado de enseñanzas, lo hace como un pequeño maestro, de forma involuntaria, a cada acción, a cada roce de su piel acrisolada en blanco sobre mí. Todavía tiene el olor prístino de la mañana húmeda e incandescente de nuestra especie. Ese olor me reconcilia a veces con el amanecer. 

Escribo todas estas líneas con F. en los brazos y con el comentariode Macrobio abierto encima de la mesa. F. es un pequeño Escipión que se me aparece y voltea las páginas como si quisiera que leyera directamente lo que esencia y amerita el texto. Mientras tanto, tomo notas, apunto en el cuaderno, pergeño algún texto que en principio toma la forma de poema. Dios dirá, los astros dictarán, el sueño de los números dejarán la rueca en su punto, me digo:

Fondo y forma en poesía: el símbolo como caja de resonancias. Natural al silbo melodioso del lector y numinosa en el alma ya transformada. En Eclesiastés podemos leer que todo en la tierra tiene su tiempo, uno de los primeros textos existencialistas que releo con frecuencia.

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Todo tiene su tiempo bajo el cielo y su signo de huida y su fuego prendido y el decir de su cuerpo que en silencio se cumple. [...]
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El poeta, como árbol invisible, hundido en la tierra y en la oscuridad de sus propias raíces, convive en el silencio como semilla de luz...
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Si no se puede amar algo porque no es bello, tampoco se contiene la virtud palpitante de confesar su nombre.

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No hay más temas en poesía que la poesía, pues las poesía es el todo consumado.
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Tú, sin ser tú, poesía, belleza derramada, posees el escondido secreto del mundo. Confío en ti mas siempre desconfío de tu presencia.

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Diamante enamorado
con música concorde, mi corazón te sueña vivo en la noche. (Cancioncillas y decires)




martes, 4 de abril de 2017

La virtud palpitante de lo bello

Si no se puede amar algo porque no es bello, tampoco se contiene la virtud palpitante de confesar su nombre.


lunes, 3 de abril de 2017

La poesía es el todo consumado

No hay más temas en poesía que la poesía, pues las poesía es el todo consumado.



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Tú, sin ser tú, poesía, belleza derramada, posees el escondido secreto del mundo.


lunes, 27 de marzo de 2017

El recuerdo es una imagen actual de la sombra que fuimos en un momento impronunciable. Un día fui Hemingway, al otro, Flaubert. Termino dialogando con Yourcenar.

LA IMAGEN, en estos días de lluvia, es la plaza de Contrescarpe, en París, cuando me había dejado las barbas para emular a Hemingway y escribía solo quinientas palabras en una moleskine tal que el escritor americano. Allí pasaba toda la tarde sentado en las mesas que daban a la plaza; contemplábamos lo que sucedía, sin más, como un carrusel de la vida, como una galería real y auténtica de la vida puesta en los ojos. 
Escribía mucho por aquel entonces, pero casi nada concluía en algo. Una nota, una palabra, un verso, un subrayado de lectura. Escribía mucho en los libros que leía; recuerdo que París no se acaba nunca de Vila-.Matas funcionó de guía ficcional para nuestra estancia allí. También mantenía los primeros tanteos con Flaubert y con Valéry, escritores con los que mantengo una comunión impertérrita.
Pasé de creerme que era Hemingway a pensar que mejor sería convertirme en Bouvard o Pecuchet. Todo ello buscando a    

Este cielo, decía, este gris de inmensos malabares, estos días de frescor en la mañana conforman la estampa del recuerdo que me conduce hacia la imagen del recuerdo. El recuerdo es la imagen actual de la sombra que fuimos en un momento impronunciable. Tan solo podemos evocar la esencia imperecedera que resulta de toda la hojarasca de lo que pensamos que es vivir. Y esos pequeños golpes de auxilio en el tiempo meditado nos acoge en nuestra liviana estancia.
Pero había comenzado escribiendo que en aquellos meses me había obsesionado con varios cuentos de Hemingway. Intentaba escribir algún relato tomando los mecanismos del autor americano, pero me resultaba imposible, nunca lo conseguí ni creo que lo consiga nunca.  

El último pasaje de todo este tránsito que me ha traído el gris del cielo es la lectura de Escribir de margarita Yourcenar. Del libro sí tengo anotado un pasaje luminoso que todavía recuerdo: "Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas la luces, ya sean del exterior o de la lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir.

Puede que estas palabras no sean más que ecos de aquella soledad, de esta misma soledad de ahora. la soledad real del cuerpo cuando lee y escribe. 


    

sábado, 25 de marzo de 2017

Bergson, cuando uno lee a Juan de Mairena y prosiguen los ecos. La palabra brutal.

DE LAS PRIMERAS enseñanzas de Machado fue leer a Bergson. Sobre todo, al calor de las páginas de Juan de Mairena. En ellas, a cada paso, no se hacía más que citar y reconducir las teorías del filósofo francés. Fue entonces cuando comencé a leerlo y, con esa experiencia lectora, la fascinación, tal que con Heidegger o George Steiner. Son filósofos del lenguaje verbal que desembocan en la reflexión sobre la imposibilidad del análisis, sobre los significados ocultos que las palabras no podrán trasladar con su sencillo funcionamiento. Recuerdo ahora un párrafo que tengo anotado en la primera moleskine que compré, pertenece a Essai sur les données immédiates de la conscience, París, PUF, (1889) 2003.

"En resumen, la palabra con sus contornos bien definidos, la palabra brutal, que encajona lo estable, lo común y por consiguiente lo impersonal de las impresiones de la humanidad, aplasta o al menos recubre las impresiones delicadas y fugitivas de nuestra conciencia individual". 

Las "impresiones delicadas y fugitivas de la consciencia individual", he ahí una conciliación entre poesía y pensamiento, una forma de definir qué sucede cuando un individuo comienza a contener la consciencia poética. Es el punto en que comienza a dejar de ser él mismo para ser individuo total, el tiempo en que deja la monodia de la palabra brutal para encontrarse con la luminosa palabra. 

Así las cosas, de un tiempo a esta parte, considero que han existido ventanas plurales de esa consciencia, etapas en la humanidad que se han acercado más a esa consciencia. desde luego, la actual no; por eso, la lectura "inteligente" no hace sino mostrar el camino perpetuo que se mantendrá más allá de los hombres y su tiempo. 


viernes, 24 de marzo de 2017

El lector de hoy se ha acostumbrado a leer lo que no vale más que para hoy.

CUANDO necesito recobrar fuerzas para leer, para seguir leyendo, acudo a Valéry. Cualquier página de sus diarios supone un estímulo, una gratificación para continuar con la lectura y con la aplicación de la inteligencia a la lectura. No en vano, interlegere, el étimo de "inteligencia", significa en puridad leer entre líneas y la semejanza entre uno y otro término es de concordia semántica extraordinaria.  
En 1945 Paul Valéry anotaba en sus Cuadernos: “el lector de hoy sólo quiere y soporta lo que no vale más que para hoy”. 
La enseñanza del autor francés, llevada a nuestros días, es de una lucidez enorme. Así es, el lector de hoy se ha acostumbrado a leer lo que no vale más que para hoy.  

jueves, 23 de marzo de 2017

Si ya mi canto fuera y los lectores que tañen el canto.

FRAY LUIS DE LEÓN me fascina, me resulta un poeta de una grandeza inconmensurable. Leyéndolo se aprende a leer a los otros, al sustrato lírico que subyace en el telar de sus versos. No es poco que Horacio resuene a cada estrofa ni que la Biblia vaya veteando los temas de su lírica o que la filosofía y la ciencia antigua se conjuguen en una solemne palabra retóricamente perfecta. Más allá de todo eso, fray Luis nos deja la enseñanza de la lectura; por eso es moderno, modernísimo, contemporáneo me siento de él, porque el acto de leer se renueva en un tiempo que no es el de la vida, el de los días. El tiempo de la lectura pertenece al tiempo de la literatura. 

Así las cosas, cuando uno lee, en un pasaje de un poema poco leído, dedicado a Santiago: "si ya mi canto fuera/igual a mi deseo", recupera, como del rayo, las propuestas de otros autores, ¿qué es la obra de Vázquez Montalbán, del propio Cernuda sino recesos, merodeos de esta propuesta de realidad y deseo?

Pero se me va fray Luis al paradigma de Rilke cuando escribe: "Morada de grandeza/ templo de claridad y hermosura,/ el alma [...]". El propio J.R.J. hubiera estampado su firma debajo de estos versos cristalinos. 

Trato de decir con estas notas que los géneros literarios no funcionan per se, que  los autores, los temas, los recursos estilísticos no asoman a la sociedad con el marchamo que les corresponde. Hay un hilo que traza su trayectoria, un hilván compuesto de una recatada multitud que hace posible que podamos leer a Horacio en fray Luis y a este en Rilke y a Rilke en Claudio Rodríguez: es el lector. 

Y para ser lector no basta con acercarse a los libros y tantearlos, hojearlos aquí y acullá, conocer a los autores y lo que piensan, los libros hay que vivirlos en literatura, hay que incardinarlos en el cauce mayor de la literatura para que resuenen lo que tengan de aportación eventual de su tiempo. Y el recorrido de ese trazado de qué es la literatura comienza, como todo, en el origen. Y el origen es inmenso, ancho y ajeno. 

Esa renovación en lo contemporáneo será tañida por los lectores virtuosos, por eso Cervantes, en cada prólogo, en cada inicio, apelaba al "curioso" lector que sabía de su soledad y criterio.  

lunes, 20 de marzo de 2017

F. arroja sus manos al vacío buscando la textura del mundo y rompen en Wagner

F. explora el mundo, el alrededor, el sustancioso aire que lo envuelve. Para ello lanza sus manos, su diminutos dedos, aún sin la quietud de la madurez, sus dedos alterados y ávidos de la textura del mundo. Toca mi rostro para asegurarse de que está en el lugar de inicio, en el punto en que el ovillo todavía no se ha desanudado. Toca, retoca, manotea mi cara, ríe siempre con el látigo de la conmoción para mí. 
Lo agarro y lo llevo al paisaje. Todos sus  actos son reminiscencias del origen que perdimos; y no quisiera que él dejara nunca de tener en su seno ese arenal de inocencia, ese valle prístino e insondable que nos hace estar siendo por siempre. 

Para él no existen los adverbios: nunca es siempre todavía. No existe más que el sonido gutural que ya asoma por su cuerpo de delicia. Sonidos que comunican plenamente, más que el articulado y oxidado verbo de adulto. Nos mira y nos lanza su voz de agua calma. Y vuelve a mostrar sus manos, sus manitas blancas como dulces almibarados, sus manitas de luz al viento que nos conmociona. 
Y al cabo de todo, suena Wagner, lo hacemos sonar, Parsifal. Y él enmudece y sonríe, se extraña y lloriquea, como si estuviera entendiendo el significado, el símbolo primero de esa música que jamás nosotros podremos volver a desentrañar, la música de la vida pura, de la vida cabalgante, de la vida en sí.      

lunes, 13 de marzo de 2017

El absoluto y la municia que somos.

LA VIDA penetra sobre la sintaxis del verbo y la palabra de uno se transmuta en diversidad y la diversidad de la vida dese alzarse en un verbo cambiante; el verbo, la vida, la escritura se hace más enrevesada y equidistante de lo habitual, comienzo a escribir con una extraña sensación de no responder a nada sino tan solo de brujulear con la palabra la espera de hallar un resplandor que alivie el desasosiego de lo cotidiano; se prodigan los puntos y comas y eso me desconcierta porque habitualmente me atraen las oraciones breves, los enunciados sometidos al dictado del aparte y el seguido, del punto en que parece tener finitud el pensamiento; y puede que eso sea, que el pensamiento es el que prepondera sobre la propia escritura y haga que esta vaya a trasmallo, lentamente, cojitranca, sin poder equipararse a la anchura y la horma de las ideas; las ideas siempre son sinfónicas y la palabra monódica, la lucha del absoluto con la minucia que somos, la confrontación del efímero ser con el deseo de eternidad.   

sábado, 11 de marzo de 2017

F. roza la luz del sur con su mano de alumbre

Y MIENTRAS la vida, la vida. Ante la sumas de encrucijadas me encuentro en el punto de mayor desorientación. Me pesan mucho las decisiones y las que, con el tiempo maduradas, parecían inamovibles, ahora comienzan a resquebrajares. Hablo de la vida de alcoba, del sucedáneo de la vida que roba a la vida, del trasiego diario que deshumaniza aunque pensemos que evolucionamos como nunca. 
Y luego están las certezas y las personas; las que uno tenía enaltecidas porque eran antorchas y luminarias para el curso del iter vitae, ahora son sombras y van mudando la piel y sostienen lo que nunca pensamos que fueran a mantener.  Las personas, decía, se despersonalizan o será uno que comienza una miope circunstancia hacia todo. No siempre el germen de se truque del tiempo está fuera de uno. El río profundo reside en el interno conocimiento del mundo.  
Las certezas están, pero en ocasiones, pocas veces son. La lectura es un ejercicio de certezas, también que F. haya levantado hoy su mano hacia mi rostro con un voluntarioso tembleque, con duda, como sonámbulo y a uno le haya parecido una acción mágica, de complicidad absoluta, de piel que me ha devuelto el sentido a casi todo, a esa luz en los objetos que habían ido desapareciendo en su forma. 

Y sigo leyendo como el doctor James Boswell, caninamente, como si fueran quedando pocos días o alguien hubiera avisado del fin del todo. Leo lo que me deleita, lo que considero digno de tiempo de vida. Lo demás, como decía Onetti, es silencio. 
Me urge la necesidad de narrar puramente, de comenzar a escribir una novela en el sentido recto del término; pero no puedo ejecutar el sentido recto del término porque para mí la novela de mi vida es esta que estás leyendo, estas páginas que llevan latentes casi diez años ininterrumpidos, estas páginas que han recogido los momentos estelares de una vida cualquiera como la propia. 

Y la tarde va tomando el manjar del sur: su luz alicaída de sur atlántico. Con ella, todos vamos despertando una suerte de melancólica presencia, de estarse, esencialmente hablando. Con eso basta para comprender que poco a poco va sobrando todo y que nada hay más certero, necesario y verdadero que la mano de F. rozando la mejilla mientras sonríe al mirarme y yo, mientras la vida,  lanzo desde las tripas una oración o una plegaria porque la estampa se haga perenne por siempre, para siempre. 


sábado, 4 de marzo de 2017

Sufismo de bancada y diálogos con vinos. Huizinga y Kazantzakis (Madrid III)

AHORA escribo de nuevo sobre mis días en Madrid y lo revuelvo todo en la memoria para que parezca un ejercicio de narrativa que aspira a convertirse en artefacto ficcional. 

Prosa al caer la tarde y lecturas. Me había quedado toda la noche leyendo y, claro está, escribiendo la lectura. Con el lápiz verde que me había regalado E. acudía a los párrafos y líneas y expresiones más sugerentes del libro de Vila-Matas para proseguir con su lectura en la noche. Yo mismo me pensaba un Mac y su contratiempo que tratan de escribir y repetir lo que estaba leyendo en esos momentos. 
Me asomaba a la ventana de la habitación de vez en cuando para observar la anatomía de la noche en la ciudad. Madrid, de noche, sigue viva y las luminarias que se observan a lo lejos hacen creer al que las observa que la gente encuentra en la noche un aire de libertad, de transgresión, de abstrusa melancolía por ser quienes son o por lo que ellos creen que desean ser. 

Antes, por la tarde, tras la presentación del libro, estuve tomando vinos con J.R.R. y J. A J. no lo conocía de nada; es un señor de setenta años, inteligente, perspicaz, que me preguntó, antes que nada, por qué San Juan de la Cruz. Al calor de mis respuestas, J. prosiguió con una sarta de elocuentes referencias al mundo sufí y a la mística sufí. Las estuve anotando con sumo cuidado y pude completar en el cuaderno amarillo una recopilación de títulos que ya he empezado a leer. 

El texto en el que nos centramos fui la Subida al Monte Carmelo. Lo conocía de memoria J., lo susurraba a cada paso y cada sorbo del vino blanco que habíamos pedido con el queso majorero.  La conversación iba desde la obra de Kazantzakis hasta la de fray Luis de León pasando por la poesía de estos años hasta desembocar en la obra de Mathias Enard, Brújula
Entre tanto, risas, complicidades, menciones de versos, pasajes de obras, referencias a sucesos vitales más o menos azarosos. El vino iba trazando las pautas y pasamos a un vino más propicio a la declaración. De la poesía falsaria de estos momentos se dijo algo, de pasada, también de la falta de lectores que estaban en las editoriales y que eran, en gran medida, los que filtraban a los editores lo que debían publicar. No faltó la ponderada estampa de Fernando Quiñones y los avatares de lo que supone escribir poesía en estos tiempos y no pertenecer a batallón, capilla, hermandad o cenáculo alguno. J. siempre ponía el desenlace a todas las conversaciones con una sugerente y amable reflexión. 

Decía al comienzo que escribía de nuevo sobre los días en Madrid y lo realizo mientras voy en el tren y el vagón, al completo, está pendiente de una nefasta película de acción. Agarro de nuevo el libro de Vila-Matas y comienzo lo que el narrador denomina "juego humano". Esa expresión me recuerda al magnífico libro de Huizinga, Homo ludens, y en esas me quedo, tratando de jugar, disfrutar, divertirme con todo esto de la literatura y sus circunstancias.

jueves, 2 de marzo de 2017

Al vuelo de la edad y más allá de nosotros mismos. Madrid (II)

Como decía, compré Mac y su contratiempo de Vila-Matas en Moyano a precio de saldo. El volumen estaba inmaculado. El primer párrafo ya me puso en la órbita de que esta obra volvía a mostrarme al autor socarrón, inteligente, que era capaz de escribir como yo nunca lograré. 
El caso es que mientras almorzaba comencé a leer el libro; pude leer un buen tranco del comienzo hasta que decidí tomar café en el Museo del Prado y hacer las míticas tres horas de Eugenio d´Ors.
Con la libreta amarilla en la mano, que lleva por título "Amarillo fulgor", comencé a contemplar solo algunos cuadros de ciertas salas. Velázquez, siempre y la pintura italiana. El Bosco y Goya.  Con poco tiempo, pero con intensa mirada, mirada despojada de convenciones, de prejuicios, trataba que fuera la mirada mi hijo F. o la más pizpireta de mi hija E. ¡Cuánto me enseñan ellos sobre la vida! Con mis hijos cerca estoy empezando de nuevo en todo, incluido en la literatura. Parece que ellos me han traído, renovado, el vuelo de la edad y eso me sobrecoge. 

Vuelvo a la caminata para regresar al hotel mientras sigo leyendo, en pie, casi absorto, las páginas del libro. Por unos instantes, me imagino que alguien está narrando ese mismo suceso, el hecho de que un lector lea la obra de Vila-Matas por Madrid mientras está esperando a que comience un acto literario. En ese momento, sonó el teléfono: era J.R., algo exultante, instándome a que establezcamos un lugar de encuentro para empezar a charlar.  

El músico y poeta me regala un texto, unas variaciones, que me toca desvirgar en su edición intonsa.   Es muy breve pero luminoso. leo los dos primeros textos y entiendo porque estábamos allí, los dos, al calor de la palabra tratando de encontrarnos más allá de nosotros mismos.    





miércoles, 1 de marzo de 2017

Toda estación tiene su viajero infinito. I (Madrid)

TODA estación tiene su viajero infinito, escribía en el cuaderno Amarillo fulgor, mientras esperaba el tren que me llevara a Madrid.  Esa noche había dormido poco, como de costumbre últimamente. 
Al cabo de unos minutos, el andén comenzó a poblarse con el personal más variopinto. 
Como es costumbre, arrojo mi atención a escuchar los diálogos ajenos, a entrometerme en las conversaciones para tratare de captar lo que Balzac llamaba la comedia humana. 

Todavía en el vagón, sentía el leve bullicio que la babilonia anterior había dejado en mi memoria. las palabras del padre a la hija advirtiéndole de que la vida era una sola llamada y una entrega; los músicos tarareando la siguiente actuación después de una noche de concierto; el señor que se disponía a echar la peonada con su nevera; el abogado que mantenía con mirada nerviosa y serpenteante su incertidumbre... me había trastocado demasiado como para dejarlas pertrechadas en el olvido. Por unos momentos, quise convertirme en ese viajero infinito que no es nadie, como Uises, que sucede en la transparencia de todo sin ser nada. 

A la llegada a Madrid el cielo, raso y turneriano, me acogió con su indudable manto de extrañeza. una extrañeza que me estimula cada vez que vuelvo a sus calles. 

Lo primero de todo, Cuesta de Moyano. Allí pude leer Cántico de Jorge Guillén en primera edición así como una primera edición, exquisita y deliciosa, de los cuentos de García Márquez. Uslar Pietri, Ortega, Galdós y alguno por añadidura pudo uno leerlos en las ediciones príncipes como si se la maquinaria del tiempo se hubiera detenido. Entre tanto y tanto, se me fue el santo al cielo y tuve que correr para poder tomarme algo en la Plaza de Santa Ana mine tras comenzaba a leer mac y su contratiempo de Vila-Matas. Porque, como le sucede a Mac,  pienso que soy un plagiario, un repetidor de textos leídos que se lleva a la vida, a sus días, el eco del espejo den que se sueña. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Falla suena las figuras del mono adivino de El Quijote.

AYER, por la tarde, mientras F. terminaba su sueño de tarde y E. jugaba con las figuras de barro, releía el pasaje de El Quijote que tiene a Maese Pedro como eje central. Para la lectura, los niños me permitieron poner la música de Falla que se inspiró en estos pasajes. De Galeote a titiritero, de Ginés de Pssamonte al parche de tafetán en el ojo izquierdo y la prodigiosa presencia del mono adivino. 
La hilazón de este personaje en el entramando cervantino me resulta de una propiedad insólita en el autor de adelantarse a su tiempo. 
El retablillo funciona a modo de comedia del mundo, de gran comedia, de gran teatro en miniatura que sucede con la doble ironía cervantina. Puede que el mono, como un demiurgo secreto, menor, desvalido, personificando al azaroso devenir en esperpento y caricatura, funcione frente a la defensa de la voluntad que propugna don Quijote. La locura dentro de la locura, rayana en el absurdo que sacude a los hombres. 
Mientras, la música de Falla completa la escena de la tarde. El sueño de F., profundo e inquebrantable, las figuras de E. que parecieran extraídas de un libro imaginario, y la música de mi admirado Falla, rítmica, efusiva, propulsora de fantasías cervantinas. Los metales en esta composición se hacen estridencias de la locura y la cuerda, en tránsito ternarios, irrumpe y trasciende en escena deliciosa. 


Laas figuras alcanzan su plenitud de solsticio.

NO te equivoques con la supremacía; nunca fuiste lo que deseabas, tu canto errante te lo impide.

***

Con la noche, las figuras alcanzan su plenitud de solsticio.




lunes, 20 de febrero de 2017

POESÍA

          POESÍA
VOLVER a ti y estar en ti por siempre
como el cuerpo que acude a la llamada
viva y torcal del canto de la vida.

Es una paz sin sed, entre la aurora,
despojada de luz y de jardines,
este arranque de fe y sus solsticios.

En la noche, camino hacia tu ser,
ciegamente, sonámbulo de ti
y en ti sostengo el círculo de fuego.   

Volver a tu confín y desnudarse
en la fiel mansedumbre de la noche
con un decir sin verbo, en la pureza. 
[...]


jueves, 16 de febrero de 2017

Es nuestro deseo siempre peregrino en las cosas de esta vida.

La poesía es el delirio musical de la palabra y sus sentidos.

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"Yo seré sietedurmientes de las postrimerías", decía Quevedo en sus Sueños. Y esas postrimerías llegarán de molde a la vida para su finiquito. Así, nuestro deseo es siempre peregrino en las cosas de esta vida.

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La palabra es el firmamento interno de lo posible.

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La fuerza lírica es una combinación de rigor y de lo irracional; pero el discurso debe ser siempre una reflexión musical de lo posible.