lunes, 24 de abril de 2017

Cuando el tiempo suceda en ti

LOS que leen poco, cuando leen algo lo manifiestan al momento. Lectores de vanidad, no de vida, que saben de la templanza y la finitud.

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La falsedad es traslúcida a la ojos del otro, pero ciega a los que la ejecutan.

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De lo siniestro la falsedad es designio de una vanidad terrible.

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Cuando el tiempo sea y suceda en ti, tú habrás sido todo ya sin haber sido nada.

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Muestra el trigo su verde estación y las espigas, en cuerpo de llamas, amarillean la muerte y el fruto renacientes al paso de la luz.
[...]

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La palabra es lumbre; en el poema magma; en la memoria, luminaria; pues sombras somos ante su figura siempre, ante su signo indescifrable.

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Incluso hay poetas que todavía desmienten su relación con la palabra.

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No todo lo que ven los ojos es real; el símbolo concilia los sentidos con el presentimiento, así nos sobrecoge en el arte y nos trasciende.




martes, 18 de abril de 2017

Ante su signo indescifrable

INCLUSO hay poetas que todavía desmienten su relación con la palabra.


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La palabra es lumbre; en el poema magma; en la memoria, luminaria; pues sombras somos ante su figura siempre, ante su signo indescifrable.


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No todo lo que ven los ojos es real; el símbolo concilia los sentidos con el presentimiento, así nos sobrecoge en el arte y nos trasciende.

***

Realmente es triste comprobar cómo lo siniestro sigue ejerciendo sus sombra donde parecía haber luz.


jueves, 13 de abril de 2017

Fray Luis recita a Calderón el Libro de Job y Borges recupera la vista en lo luminoso.

CALDERÓN se adelantó a Mary Shelley y edificó, con Segismundo, una suerte de personaje que acrisola el ideario de varios arquetipos. Más allá de las fuentes orientales que barajó en La vida es sueño. Hoy, cuando comenzaba a releer El libro de Job me acordé de tres autores. Uno de ellos Borges, el otro fray Luis y claro está Calderón.
Este último resuena en el comienzo del Primer ciclo de discurso, cuando Job maldice el día de su nacimiento. Podemos leeer lo siguiente como si el propio Job estuviera en la torre de Segismundo:

[...]
"¡Perezca el día en que nací,"

y pasados unos versículos, cuando se refiere a los hechiceros y a su poder de cambiar el curso de los astros:

"Maldíganla los que maldicen el día,
los dispuestos a despertar a Leviatán"

Remata el texto bíblico de esta forma:

"¿Por qué no morí cuando salí del seno,
o no expiré al salir del vientre"

La desdicha como fuera motriz:

"¿Para qué dar luz a un desdichado,
la vida a los que tienen amargada el alma"
[...]

Borges, por su parte, acude a los fragmentos finales del libro, a los discursos del propio Yaveh que revelan a Job los enigmas en una posición omnímoda y trascendente que tanto gustaba al escritor argentino. Lo hace jalonado por la lectura de la Exposición del libro de Job de fray Luis de león, -un paradigma de la evolución de la prosa el pensamiento en una lengua, en este caso, la española-. 
Borges encontró en estos discursos cómo la capacidad de contemplación humana es perfectamente limitada e insostenible ante el principio de unidad del cosmos. Borges encontraba en Job un reflejo de sí mismo como discípulo de la búsqueda del uno, de la metarracionalidad con que tratan de escribir el mundo. Ese Job está latente detrás de muchos de sus personajes, de los pasajes en que todo sucede más allá del tiempo de vida del individuo y se incardina en una trascendencia entendida como imposible de razonar. En ese panorama tan solo queda la entrega. Dice el propio Job, como después dirá Dante en la Divina Comedia

""Sí, he hablado de grandezas que no entiendo,
de maravillas que me superan y que ignoro,
[...]
"Yo te conocía solo de oídas,
mas ahora te han visto mis ojos"


martes, 11 de abril de 2017

Eclesiastés y el sueño de Escipión con F. y Macrobio

PORQUE la vida se fragmenta y se dispersa en un azaroso archipiélago de recuerdos, el diario va tomando precisamente ese cuerpo disforme y fragmentario. Puede que el diario refleje, mejor que ningún otro género literario, la propia disposición de la vida, a saber: lo que sucede hoy se repitió mañana y lo que venga ya ha sido y es pasado. 

Estos días he estado con F. sin dejar de observarlo y de aprender qué fuimos en el comienzo. Su cuerpo, sus manos se acompasan a la mirada brillante y perspicaz. F. me hace volverme a E. con más fuerza y pasión. Los dos me dan los días que se van restando de la vida.
F. es un dechado de enseñanzas, lo hace como un pequeño maestro, de forma involuntaria, a cada acción, a cada roce de su piel acrisolada en blanco sobre mí. Todavía tiene el olor prístino de la mañana húmeda e incandescente de nuestra especie. Ese olor me reconcilia a veces con el amanecer. 

Escribo todas estas líneas con F. en los brazos y con el comentariode Macrobio abierto encima de la mesa. F. es un pequeño Escipión que se me aparece y voltea las páginas como si quisiera que leyera directamente lo que esencia y amerita el texto. Mientras tanto, tomo notas, apunto en el cuaderno, pergeño algún texto que en principio toma la forma de poema. Dios dirá, los astros dictarán, el sueño de los números dejarán la rueca en su punto, me digo:

Fondo y forma en poesía: el símbolo como caja de resonancias. Natural al silbo melodioso del lector y numinosa en el alma ya transformada. En Eclesiastés podemos leer que todo en la tierra tiene su tiempo, uno de los primeros textos existencialistas que releo con frecuencia.

***

Todo tiene su tiempo bajo el cielo y su signo de huida y su fuego prendido y el decir de su cuerpo que en silencio se cumple. [...]
***
El poeta, como árbol invisible, hundido en la tierra y en la oscuridad de sus propias raíces, convive en el silencio como semilla de luz...
***
Si no se puede amar algo porque no es bello, tampoco se contiene la virtud palpitante de confesar su nombre.

***
No hay más temas en poesía que la poesía, pues las poesía es el todo consumado.
***
Tú, sin ser tú, poesía, belleza derramada, posees el escondido secreto del mundo. Confío en ti mas siempre desconfío de tu presencia.

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Diamante enamorado
con música concorde, mi corazón te sueña vivo en la noche. (Cancioncillas y decires)




martes, 4 de abril de 2017

La virtud palpitante de lo bello

Si no se puede amar algo porque no es bello, tampoco se contiene la virtud palpitante de confesar su nombre.


lunes, 3 de abril de 2017

La poesía es el todo consumado

No hay más temas en poesía que la poesía, pues las poesía es el todo consumado.



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Tú, sin ser tú, poesía, belleza derramada, posees el escondido secreto del mundo.


lunes, 27 de marzo de 2017

El recuerdo es una imagen actual de la sombra que fuimos en un momento impronunciable. Un día fui Hemingway, al otro, Flaubert. Termino dialogando con Yourcenar.

LA IMAGEN, en estos días de lluvia, es la plaza de Contrescarpe, en París, cuando me había dejado las barbas para emular a Hemingway y escribía solo quinientas palabras en una moleskine tal que el escritor americano. Allí pasaba toda la tarde sentado en las mesas que daban a la plaza; contemplábamos lo que sucedía, sin más, como un carrusel de la vida, como una galería real y auténtica de la vida puesta en los ojos. 
Escribía mucho por aquel entonces, pero casi nada concluía en algo. Una nota, una palabra, un verso, un subrayado de lectura. Escribía mucho en los libros que leía; recuerdo que París no se acaba nunca de Vila-.Matas funcionó de guía ficcional para nuestra estancia allí. También mantenía los primeros tanteos con Flaubert y con Valéry, escritores con los que mantengo una comunión impertérrita.
Pasé de creerme que era Hemingway a pensar que mejor sería convertirme en Bouvard o Pecuchet. Todo ello buscando a    

Este cielo, decía, este gris de inmensos malabares, estos días de frescor en la mañana conforman la estampa del recuerdo que me conduce hacia la imagen del recuerdo. El recuerdo es la imagen actual de la sombra que fuimos en un momento impronunciable. Tan solo podemos evocar la esencia imperecedera que resulta de toda la hojarasca de lo que pensamos que es vivir. Y esos pequeños golpes de auxilio en el tiempo meditado nos acoge en nuestra liviana estancia.
Pero había comenzado escribiendo que en aquellos meses me había obsesionado con varios cuentos de Hemingway. Intentaba escribir algún relato tomando los mecanismos del autor americano, pero me resultaba imposible, nunca lo conseguí ni creo que lo consiga nunca.  

El último pasaje de todo este tránsito que me ha traído el gris del cielo es la lectura de Escribir de margarita Yourcenar. Del libro sí tengo anotado un pasaje luminoso que todavía recuerdo: "Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas la luces, ya sean del exterior o de la lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir.

Puede que estas palabras no sean más que ecos de aquella soledad, de esta misma soledad de ahora. la soledad real del cuerpo cuando lee y escribe. 


    

sábado, 25 de marzo de 2017

Bergson, cuando uno lee a Juan de Mairena y prosiguen los ecos. La palabra brutal.

DE LAS PRIMERAS enseñanzas de Machado fue leer a Bergson. Sobre todo, al calor de las páginas de Juan de Mairena. En ellas, a cada paso, no se hacía más que citar y reconducir las teorías del filósofo francés. Fue entonces cuando comencé a leerlo y, con esa experiencia lectora, la fascinación, tal que con Heidegger o George Steiner. Son filósofos del lenguaje verbal que desembocan en la reflexión sobre la imposibilidad del análisis, sobre los significados ocultos que las palabras no podrán trasladar con su sencillo funcionamiento. Recuerdo ahora un párrafo que tengo anotado en la primera moleskine que compré, pertenece a Essai sur les données immédiates de la conscience, París, PUF, (1889) 2003.

"En resumen, la palabra con sus contornos bien definidos, la palabra brutal, que encajona lo estable, lo común y por consiguiente lo impersonal de las impresiones de la humanidad, aplasta o al menos recubre las impresiones delicadas y fugitivas de nuestra conciencia individual". 

Las "impresiones delicadas y fugitivas de la consciencia individual", he ahí una conciliación entre poesía y pensamiento, una forma de definir qué sucede cuando un individuo comienza a contener la consciencia poética. Es el punto en que comienza a dejar de ser él mismo para ser individuo total, el tiempo en que deja la monodia de la palabra brutal para encontrarse con la luminosa palabra. 

Así las cosas, de un tiempo a esta parte, considero que han existido ventanas plurales de esa consciencia, etapas en la humanidad que se han acercado más a esa consciencia. desde luego, la actual no; por eso, la lectura "inteligente" no hace sino mostrar el camino perpetuo que se mantendrá más allá de los hombres y su tiempo. 


viernes, 24 de marzo de 2017

El lector de hoy se ha acostumbrado a leer lo que no vale más que para hoy.

CUANDO necesito recobrar fuerzas para leer, para seguir leyendo, acudo a Valéry. Cualquier página de sus diarios supone un estímulo, una gratificación para continuar con la lectura y con la aplicación de la inteligencia a la lectura. No en vano, interlegere, el étimo de "inteligencia", significa en puridad leer entre líneas y la semejanza entre uno y otro término es de concordia semántica extraordinaria.  
En 1945 Paul Valéry anotaba en sus Cuadernos: “el lector de hoy sólo quiere y soporta lo que no vale más que para hoy”. 
La enseñanza del autor francés, llevada a nuestros días, es de una lucidez enorme. Así es, el lector de hoy se ha acostumbrado a leer lo que no vale más que para hoy.  

jueves, 23 de marzo de 2017

Si ya mi canto fuera y los lectores que tañen el canto.

FRAY LUIS DE LEÓN me fascina, me resulta un poeta de una grandeza inconmensurable. Leyéndolo se aprende a leer a los otros, al sustrato lírico que subyace en el telar de sus versos. No es poco que Horacio resuene a cada estrofa ni que la Biblia vaya veteando los temas de su lírica o que la filosofía y la ciencia antigua se conjuguen en una solemne palabra retóricamente perfecta. Más allá de todo eso, fray Luis nos deja la enseñanza de la lectura; por eso es moderno, modernísimo, contemporáneo me siento de él, porque el acto de leer se renueva en un tiempo que no es el de la vida, el de los días. El tiempo de la lectura pertenece al tiempo de la literatura. 

Así las cosas, cuando uno lee, en un pasaje de un poema poco leído, dedicado a Santiago: "si ya mi canto fuera/igual a mi deseo", recupera, como del rayo, las propuestas de otros autores, ¿qué es la obra de Vázquez Montalbán, del propio Cernuda sino recesos, merodeos de esta propuesta de realidad y deseo?

Pero se me va fray Luis al paradigma de Rilke cuando escribe: "Morada de grandeza/ templo de claridad y hermosura,/ el alma [...]". El propio J.R.J. hubiera estampado su firma debajo de estos versos cristalinos. 

Trato de decir con estas notas que los géneros literarios no funcionan per se, que  los autores, los temas, los recursos estilísticos no asoman a la sociedad con el marchamo que les corresponde. Hay un hilo que traza su trayectoria, un hilván compuesto de una recatada multitud que hace posible que podamos leer a Horacio en fray Luis y a este en Rilke y a Rilke en Claudio Rodríguez: es el lector. 

Y para ser lector no basta con acercarse a los libros y tantearlos, hojearlos aquí y acullá, conocer a los autores y lo que piensan, los libros hay que vivirlos en literatura, hay que incardinarlos en el cauce mayor de la literatura para que resuenen lo que tengan de aportación eventual de su tiempo. Y el recorrido de ese trazado de qué es la literatura comienza, como todo, en el origen. Y el origen es inmenso, ancho y ajeno. 

Esa renovación en lo contemporáneo será tañida por los lectores virtuosos, por eso Cervantes, en cada prólogo, en cada inicio, apelaba al "curioso" lector que sabía de su soledad y criterio.  

lunes, 20 de marzo de 2017

F. arroja sus manos al vacío buscando la textura del mundo y rompen en Wagner

F. explora el mundo, el alrededor, el sustancioso aire que lo envuelve. Para ello lanza sus manos, su diminutos dedos, aún sin la quietud de la madurez, sus dedos alterados y ávidos de la textura del mundo. Toca mi rostro para asegurarse de que está en el lugar de inicio, en el punto en que el ovillo todavía no se ha desanudado. Toca, retoca, manotea mi cara, ríe siempre con el látigo de la conmoción para mí. 
Lo agarro y lo llevo al paisaje. Todos sus  actos son reminiscencias del origen que perdimos; y no quisiera que él dejara nunca de tener en su seno ese arenal de inocencia, ese valle prístino e insondable que nos hace estar siendo por siempre. 

Para él no existen los adverbios: nunca es siempre todavía. No existe más que el sonido gutural que ya asoma por su cuerpo de delicia. Sonidos que comunican plenamente, más que el articulado y oxidado verbo de adulto. Nos mira y nos lanza su voz de agua calma. Y vuelve a mostrar sus manos, sus manitas blancas como dulces almibarados, sus manitas de luz al viento que nos conmociona. 
Y al cabo de todo, suena Wagner, lo hacemos sonar, Parsifal. Y él enmudece y sonríe, se extraña y lloriquea, como si estuviera entendiendo el significado, el símbolo primero de esa música que jamás nosotros podremos volver a desentrañar, la música de la vida pura, de la vida cabalgante, de la vida en sí.      

lunes, 13 de marzo de 2017

El absoluto y la municia que somos.

LA VIDA penetra sobre la sintaxis del verbo y la palabra de uno se transmuta en diversidad y la diversidad de la vida dese alzarse en un verbo cambiante; el verbo, la vida, la escritura se hace más enrevesada y equidistante de lo habitual, comienzo a escribir con una extraña sensación de no responder a nada sino tan solo de brujulear con la palabra la espera de hallar un resplandor que alivie el desasosiego de lo cotidiano; se prodigan los puntos y comas y eso me desconcierta porque habitualmente me atraen las oraciones breves, los enunciados sometidos al dictado del aparte y el seguido, del punto en que parece tener finitud el pensamiento; y puede que eso sea, que el pensamiento es el que prepondera sobre la propia escritura y haga que esta vaya a trasmallo, lentamente, cojitranca, sin poder equipararse a la anchura y la horma de las ideas; las ideas siempre son sinfónicas y la palabra monódica, la lucha del absoluto con la minucia que somos, la confrontación del efímero ser con el deseo de eternidad.   

sábado, 11 de marzo de 2017

F. roza la luz del sur con su mano de alumbre

Y MIENTRAS la vida, la vida. Ante la sumas de encrucijadas me encuentro en el punto de mayor desorientación. Me pesan mucho las decisiones y las que, con el tiempo maduradas, parecían inamovibles, ahora comienzan a resquebrajares. Hablo de la vida de alcoba, del sucedáneo de la vida que roba a la vida, del trasiego diario que deshumaniza aunque pensemos que evolucionamos como nunca. 
Y luego están las certezas y las personas; las que uno tenía enaltecidas porque eran antorchas y luminarias para el curso del iter vitae, ahora son sombras y van mudando la piel y sostienen lo que nunca pensamos que fueran a mantener.  Las personas, decía, se despersonalizan o será uno que comienza una miope circunstancia hacia todo. No siempre el germen de se truque del tiempo está fuera de uno. El río profundo reside en el interno conocimiento del mundo.  
Las certezas están, pero en ocasiones, pocas veces son. La lectura es un ejercicio de certezas, también que F. haya levantado hoy su mano hacia mi rostro con un voluntarioso tembleque, con duda, como sonámbulo y a uno le haya parecido una acción mágica, de complicidad absoluta, de piel que me ha devuelto el sentido a casi todo, a esa luz en los objetos que habían ido desapareciendo en su forma. 

Y sigo leyendo como el doctor James Boswell, caninamente, como si fueran quedando pocos días o alguien hubiera avisado del fin del todo. Leo lo que me deleita, lo que considero digno de tiempo de vida. Lo demás, como decía Onetti, es silencio. 
Me urge la necesidad de narrar puramente, de comenzar a escribir una novela en el sentido recto del término; pero no puedo ejecutar el sentido recto del término porque para mí la novela de mi vida es esta que estás leyendo, estas páginas que llevan latentes casi diez años ininterrumpidos, estas páginas que han recogido los momentos estelares de una vida cualquiera como la propia. 

Y la tarde va tomando el manjar del sur: su luz alicaída de sur atlántico. Con ella, todos vamos despertando una suerte de melancólica presencia, de estarse, esencialmente hablando. Con eso basta para comprender que poco a poco va sobrando todo y que nada hay más certero, necesario y verdadero que la mano de F. rozando la mejilla mientras sonríe al mirarme y yo, mientras la vida,  lanzo desde las tripas una oración o una plegaria porque la estampa se haga perenne por siempre, para siempre. 


sábado, 4 de marzo de 2017

Sufismo de bancada y diálogos con vinos. Huizinga y Kazantzakis (Madrid III)

AHORA escribo de nuevo sobre mis días en Madrid y lo revuelvo todo en la memoria para que parezca un ejercicio de narrativa que aspira a convertirse en artefacto ficcional. 

Prosa al caer la tarde y lecturas. Me había quedado toda la noche leyendo y, claro está, escribiendo la lectura. Con el lápiz verde que me había regalado E. acudía a los párrafos y líneas y expresiones más sugerentes del libro de Vila-Matas para proseguir con su lectura en la noche. Yo mismo me pensaba un Mac y su contratiempo que tratan de escribir y repetir lo que estaba leyendo en esos momentos. 
Me asomaba a la ventana de la habitación de vez en cuando para observar la anatomía de la noche en la ciudad. Madrid, de noche, sigue viva y las luminarias que se observan a lo lejos hacen creer al que las observa que la gente encuentra en la noche un aire de libertad, de transgresión, de abstrusa melancolía por ser quienes son o por lo que ellos creen que desean ser. 

Antes, por la tarde, tras la presentación del libro, estuve tomando vinos con J.R.R. y J. A J. no lo conocía de nada; es un señor de setenta años, inteligente, perspicaz, que me preguntó, antes que nada, por qué San Juan de la Cruz. Al calor de mis respuestas, J. prosiguió con una sarta de elocuentes referencias al mundo sufí y a la mística sufí. Las estuve anotando con sumo cuidado y pude completar en el cuaderno amarillo una recopilación de títulos que ya he empezado a leer. 

El texto en el que nos centramos fui la Subida al Monte Carmelo. Lo conocía de memoria J., lo susurraba a cada paso y cada sorbo del vino blanco que habíamos pedido con el queso majorero.  La conversación iba desde la obra de Kazantzakis hasta la de fray Luis de León pasando por la poesía de estos años hasta desembocar en la obra de Mathias Enard, Brújula
Entre tanto, risas, complicidades, menciones de versos, pasajes de obras, referencias a sucesos vitales más o menos azarosos. El vino iba trazando las pautas y pasamos a un vino más propicio a la declaración. De la poesía falsaria de estos momentos se dijo algo, de pasada, también de la falta de lectores que estaban en las editoriales y que eran, en gran medida, los que filtraban a los editores lo que debían publicar. No faltó la ponderada estampa de Fernando Quiñones y los avatares de lo que supone escribir poesía en estos tiempos y no pertenecer a batallón, capilla, hermandad o cenáculo alguno. J. siempre ponía el desenlace a todas las conversaciones con una sugerente y amable reflexión. 

Decía al comienzo que escribía de nuevo sobre los días en Madrid y lo realizo mientras voy en el tren y el vagón, al completo, está pendiente de una nefasta película de acción. Agarro de nuevo el libro de Vila-Matas y comienzo lo que el narrador denomina "juego humano". Esa expresión me recuerda al magnífico libro de Huizinga, Homo ludens, y en esas me quedo, tratando de jugar, disfrutar, divertirme con todo esto de la literatura y sus circunstancias.

jueves, 2 de marzo de 2017

Al vuelo de la edad y más allá de nosotros mismos. Madrid (II)

Como decía, compré Mac y su contratiempo de Vila-Matas en Moyano a precio de saldo. El volumen estaba inmaculado. El primer párrafo ya me puso en la órbita de que esta obra volvía a mostrarme al autor socarrón, inteligente, que era capaz de escribir como yo nunca lograré. 
El caso es que mientras almorzaba comencé a leer el libro; pude leer un buen tranco del comienzo hasta que decidí tomar café en el Museo del Prado y hacer las míticas tres horas de Eugenio d´Ors.
Con la libreta amarilla en la mano, que lleva por título "Amarillo fulgor", comencé a contemplar solo algunos cuadros de ciertas salas. Velázquez, siempre y la pintura italiana. El Bosco y Goya.  Con poco tiempo, pero con intensa mirada, mirada despojada de convenciones, de prejuicios, trataba que fuera la mirada mi hijo F. o la más pizpireta de mi hija E. ¡Cuánto me enseñan ellos sobre la vida! Con mis hijos cerca estoy empezando de nuevo en todo, incluido en la literatura. Parece que ellos me han traído, renovado, el vuelo de la edad y eso me sobrecoge. 

Vuelvo a la caminata para regresar al hotel mientras sigo leyendo, en pie, casi absorto, las páginas del libro. Por unos instantes, me imagino que alguien está narrando ese mismo suceso, el hecho de que un lector lea la obra de Vila-Matas por Madrid mientras está esperando a que comience un acto literario. En ese momento, sonó el teléfono: era J.R., algo exultante, instándome a que establezcamos un lugar de encuentro para empezar a charlar.  

El músico y poeta me regala un texto, unas variaciones, que me toca desvirgar en su edición intonsa.   Es muy breve pero luminoso. leo los dos primeros textos y entiendo porque estábamos allí, los dos, al calor de la palabra tratando de encontrarnos más allá de nosotros mismos.    





miércoles, 1 de marzo de 2017

Toda estación tiene su viajero infinito. I (Madrid)

TODA estación tiene su viajero infinito, escribía en el cuaderno Amarillo fulgor, mientras esperaba el tren que me llevara a Madrid.  Esa noche había dormido poco, como de costumbre últimamente. 
Al cabo de unos minutos, el andén comenzó a poblarse con el personal más variopinto. 
Como es costumbre, arrojo mi atención a escuchar los diálogos ajenos, a entrometerme en las conversaciones para tratare de captar lo que Balzac llamaba la comedia humana. 

Todavía en el vagón, sentía el leve bullicio que la babilonia anterior había dejado en mi memoria. las palabras del padre a la hija advirtiéndole de que la vida era una sola llamada y una entrega; los músicos tarareando la siguiente actuación después de una noche de concierto; el señor que se disponía a echar la peonada con su nevera; el abogado que mantenía con mirada nerviosa y serpenteante su incertidumbre... me había trastocado demasiado como para dejarlas pertrechadas en el olvido. Por unos momentos, quise convertirme en ese viajero infinito que no es nadie, como Uises, que sucede en la transparencia de todo sin ser nada. 

A la llegada a Madrid el cielo, raso y turneriano, me acogió con su indudable manto de extrañeza. una extrañeza que me estimula cada vez que vuelvo a sus calles. 

Lo primero de todo, Cuesta de Moyano. Allí pude leer Cántico de Jorge Guillén en primera edición así como una primera edición, exquisita y deliciosa, de los cuentos de García Márquez. Uslar Pietri, Ortega, Galdós y alguno por añadidura pudo uno leerlos en las ediciones príncipes como si se la maquinaria del tiempo se hubiera detenido. Entre tanto y tanto, se me fue el santo al cielo y tuve que correr para poder tomarme algo en la Plaza de Santa Ana mine tras comenzaba a leer mac y su contratiempo de Vila-Matas. Porque, como le sucede a Mac,  pienso que soy un plagiario, un repetidor de textos leídos que se lleva a la vida, a sus días, el eco del espejo den que se sueña. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Falla suena las figuras del mono adivino de El Quijote.

AYER, por la tarde, mientras F. terminaba su sueño de tarde y E. jugaba con las figuras de barro, releía el pasaje de El Quijote que tiene a Maese Pedro como eje central. Para la lectura, los niños me permitieron poner la música de Falla que se inspiró en estos pasajes. De Galeote a titiritero, de Ginés de Pssamonte al parche de tafetán en el ojo izquierdo y la prodigiosa presencia del mono adivino. 
La hilazón de este personaje en el entramando cervantino me resulta de una propiedad insólita en el autor de adelantarse a su tiempo. 
El retablillo funciona a modo de comedia del mundo, de gran comedia, de gran teatro en miniatura que sucede con la doble ironía cervantina. Puede que el mono, como un demiurgo secreto, menor, desvalido, personificando al azaroso devenir en esperpento y caricatura, funcione frente a la defensa de la voluntad que propugna don Quijote. La locura dentro de la locura, rayana en el absurdo que sacude a los hombres. 
Mientras, la música de Falla completa la escena de la tarde. El sueño de F., profundo e inquebrantable, las figuras de E. que parecieran extraídas de un libro imaginario, y la música de mi admirado Falla, rítmica, efusiva, propulsora de fantasías cervantinas. Los metales en esta composición se hacen estridencias de la locura y la cuerda, en tránsito ternarios, irrumpe y trasciende en escena deliciosa. 


Laas figuras alcanzan su plenitud de solsticio.

NO te equivoques con la supremacía; nunca fuiste lo que deseabas, tu canto errante te lo impide.

***

Con la noche, las figuras alcanzan su plenitud de solsticio.




lunes, 20 de febrero de 2017

POESÍA

          POESÍA
VOLVER a ti y estar en ti por siempre
como el cuerpo que acude a la llamada
viva y torcal del canto de la vida.

Es una paz sin sed, entre la aurora,
despojada de luz y de jardines,
este arranque de fe y sus solsticios.

En la noche, camino hacia tu ser,
ciegamente, sonámbulo de ti
y en ti sostengo el círculo de fuego.   

Volver a tu confín y desnudarse
en la fiel mansedumbre de la noche
con un decir sin verbo, en la pureza. 
[...]


jueves, 16 de febrero de 2017

Es nuestro deseo siempre peregrino en las cosas de esta vida.

La poesía es el delirio musical de la palabra y sus sentidos.

***

"Yo seré sietedurmientes de las postrimerías", decía Quevedo en sus Sueños. Y esas postrimerías llegarán de molde a la vida para su finiquito. Así, nuestro deseo es siempre peregrino en las cosas de esta vida.

***

La palabra es el firmamento interno de lo posible.

***

La fuerza lírica es una combinación de rigor y de lo irracional; pero el discurso debe ser siempre una reflexión musical de lo posible.


sábado, 11 de febrero de 2017

Antiguamente, yo sabía leer. Hoy, cuando leo, me pierdo.

ESTO declaraba Pessoa en sus Diarios, en una notas personales. Para entender este aserto en su contexto de escritura deberíamos añadir unas palabras previas en esas notas: " El modelo literario como tal lo he olvidado, prácticamente. Podría leer por aprendizaje o placer. Pero no tengo nada que leer, y el placer que se desprende de los libros es de tal clase que puede ser sustituido provechosamente por el que el contacto con la naturaleza y la observación de la vida pueden ofrecerme directamente". 

Sagaz, astuto, Pessoa pone sus palabras en la batalla de la vida y la ficción, es una definición muy cervantina de las dudas que asaltan a los lectores de todas las épocas. Especialmente en esta que vivimos, puede que la era del vacío, como decía Lipovetsky, esté en su momento álgido. 

Me siento muy cercano a lo que escribía Pessoa, demasiado quizás y eso me preocupa. Antes tenía el ímpetu de arrojarme al camino y defender lo que consideraba intocable; ahora, ante la estulticia, me quedo absorto, quietamente pessoano. 

Y puede que todo no sea más que una  invasión de la metafísica en lo cotidiano, de una reverberación de lo esencial que arranca las hibernas eventuales de lo moderno. Como dice Pessoa: "Mi peor dolor es que no consigo olvidar nunca mi presencia metafísica en la vida". 

jueves, 9 de febrero de 2017

Oído musical de la lírica y gargajadas de los sordimudos.

A MERCED de los acontecimientos, rehuye uno a su cobijo, a los pasillos sinuosos de un palacio interno que parece estar vertebrado por un hilo invisible del que solo se siente su fuego. Hay un ruido externo que me provoca desequilibrio; un estar en lo externo que detona las zonas grises de lo siniestro. Me alerto y eso me hace replegar velas y volver a escarbar en la tierra húmeda, a colmarme las manos de raíces profundas y verdaderas. ¿Que somos fugitivos y eso apenas nos salva? Y qué más hay en este paso pendenciero que ser verdadero y unitario a los ojos de los demás. La fortaleza del ser está en ser sin ser no en querer ser algo en nada. 
Se me ocurre espigar entre los libros de poesía aquellos versos que pertenecen a lo que llamamos "Oído musical de la lírica". Al menos, si algún sordimudo lírico llegase a leerlos podrá encontrar en su garganta un ritmo, una palabra, un decir puramente lírico y poético. Un aleteo leve en su vida. 

No estamos ya para gargajadas en la garganta de la poesía ni, mucho menos, para tener encima que soportar su defensa. La idea hay que mantenerla desde que uno atiende al sueño de la poesía en su vida, no me valen los giros y regates inesperados hacia otra sensibilidad. Un poema que nos construyó no puede negarse al paso de los años pues si eso sucede tú, como lector, no retes virtuoso, no has sabido contemplar el seno esencial del texto. Un texto que nos hace ser se mantiene perpetuo en nuestra memoria y jamás termina de decirnos lo que pensábamos que iba a decirnos. 

Porque el oído para la lírica en nuestra lengua se ha ido vituperando hasta llevarnos a un estrepitoso mejunje de ruidazos impresos en forma de versos. Y, además, hay quien escribe todavía copiando de los demás sin decir que sus versos no son más que afluentes de otros versos. El caso es que la copia es demasiado clara y podría uno extraer citas literales de sus poemas para ponerlos en evidencia del juzgado público. Pero prefiero callar y que sepa que estoy al liquindoi de sus fechorías.  La falta de ingenio le lleva al robo del fuego ajeno. 

Tal y como escucho a Bach para  restituirme en la música, leo a Quevedo para entender el quid de nuestra lengua en la lírica; tal y como penetro en las aguas de Wagner me arropo en los versos de san Juan de la Cruz, para no perderme en escalas que conducen al infierno cuando señalaban el cielo. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Puede que la negación de lo evidente constate su realidad.

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Haz de luz, recogimiento. Entierra la verdad que anida en ti en el silencio discurso de lo bello.

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Consume tus días con agrado; aléjate del siniestro estar. Siendo nada ya eres todo.

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Decir y hacer, idea y acción, son reconciliables cuando el dictado del corazón es verdadero.

lunes, 30 de enero de 2017

El devenir consumado

SUCEDIÓ al término del último encuentro. Al chocar las manos advertí un frío tremebundo en su piel que se trasladó a mi corazón, al tuétano más recóndito. Su mirada se había vuelto oscura, sus palabras perversas, diabólicamente siniestro era todo él. La disarmonía se apoderó de mí. Temblé. Respiré profundo y aprendí la sospechosa lección de la apariencia.   
Todavía recuerdo la enseñanza de Gonzalo de Berceo: el diablo se transfigura en humano porque anhela su claridad e inocencia. Acude a ti, profundamente, en la limpia estación de tu liviandad y mantén firme tu fidelidad a la existencia. Somos el devenir consumado, pero debemos serlo en unidad.                    
  

jueves, 26 de enero de 2017

Qué paz cuando actúo al dictado del corazón.

PERCIBO que va quedando, desnuda y turgente, la melodía incesante de la dignidad. 

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Qué paz cuando actúo al dictado del corazón.

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Así en el arte como en la vida, el discurso que nace de la verdad siempre nos acerca a lo bello y armónico.

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Y la digna estación en la existencia debiera sobrevolar cualquier atajo a lo falso. Un Ícaro que, a pesar del sol, anhele sus alas.

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Porque me entrego puramente a lo que amo, a quien amo, cuando me retiran de su vida sin un porqué nada vuelve a su entera pureza de entonces. La causa de desarmonía es siempre siniestra.


martes, 24 de enero de 2017

Fauré y el arrullo de la muerte

FAURÉ deseaba huir del sentido macabro y siniestro de la muerte en las composiciones musicales. Anhelaba un canto que fuera "arrullo de la muerte" y que propusiera una sagaz forma  y armonía que confrontara la humanidad con la muerte misma. Replicantes en la música con arpas que representan fibras celestiales.

La muerte de sus padres amparan el comienzo y el cierre del tiempo en que fue escrita la obra. El propio músico llegaba a manifestar que la muerte era un acto de liberación cósmico. La muerte en el Romanticismo entendida como una sucesión, un rito de paso hacia la otra dimensión de la vida que, aunque desconocida, adquiere la pertenencia a lo incognoscible. Y en esa materia que la poesía trata de agarrar como un huracán contenido poco o nada poco decir. Solo la música es la única manifestación humana que nos acerca a la naturaleza nuestra, profunda, interna, que jamás conoceros. Por este motivo, escuchar música, como la de Faurè, es un acto de entendimiento y reflexión de la condición humana.  

viernes, 20 de enero de 2017

HAY una épica diaria en la escritura de diarios. Si nos arrimamos al étimo de la palabra épica podríamos incluso intuir la necesidad de narrar, sin más, el evento de vivir día a día. Sin embargo, como sucedáneo de la narrativa puede ofrecer posibilidades literarias en las que se podría experimentar y explorar fórmulas de narración. 
No necesariamente debe ser un yo el que hilvane los acontecimientos escritos. La pluralidad del yo manifiesto debería ser sinfónico y, además, desplegarse en distintos géneros literarios. En el diario cabe la intimidad de un poema que se está pergeñando junto a la redacción de un relato, la escritura envirotada de un pasaje cotidiano con el censo de las lecturas que termina uno de escribir. Sea cual sea la naturaleza de lo escrito, el diario es una suerte de diván personal que sosiega los demonios personales en forma de literatura. 
Casi diez años después de que comenzáramos esta aventura, -ya una necesidad vital-, de escribir a diario seguimos manteniendo las mismas dudas, las mismas inquietudes, acaso el mismo temblor ante la profunda blancura del silencio interrumpido.







        

jueves, 19 de enero de 2017

Música desnuda en Palestrina, delicada claridad en Tomás Luis de Victoria.

A CAPELLA, casi desnuda, es la música de Giovanni Pier Luigi di Palestrina. En su severidad constructiva emerge una profunda serenidad compositiva; cada voz es un litigio con la meditación. Con su obra aprendo que las fuentes que inciten a la composición pueden ser diversas, motetes, madrigales, canto gregoriano y composiciones propias o de otros autores contemporáneos. 
Palestrina me conduce, inevitablemente, a Tomás Luis de Victoria. Este compositor y sacerdote ensancha mi pasión por este tipo de artistas que, llegado el momento, deciden retirarse, abandonar la empresa, dedicar ya plenamente las horas al latido del corazón, a la concordia con el mundo mismo. 
Es famoso el pasaje en que el músico le escribe a Felipe II advirtiéndole de su necesidad de abandonar su tarea, volver al suelo patrio y dedicar su tiempo al tiempo de la meditación hacia la muerte. Escribió: [...]"gozar de honesto descanso entregando el espíritu a la contemplación divina".[...]  

Estuvo en el funeral de su maestro Palestrina, -¿cuál sería su mirada sobre el cuerpo difunto del viejo músico, qué coda final se le vendría como del rayo ante aquella danza del fin y del porvenir?-. Sucede que en la música de estos hombres la religión y la disciplina religiosa acaban por diluirse cuando uno escucha con sosiego los compases. Y es esa quizás una seña de identidad de las obras naturales, las que, aun teniendo en su tiempo contextos y circunstancias inevitables, resurgen más allá de sus días. Esa fidelidad a la obra que muestra no solo Palestrina y Tomás Luis de Victoria, sino muchos otros autores, era la manifestación de que existía una consciencia artística y cultural que ,dudo, exista en la  actualidad. 

    


domingo, 15 de enero de 2017

La verdad expresada con Steiner, Marcel Proust y San Agustín.

LA LENGUA posee la dinámica misma de la ficción. Cuando ella comienza su acción verbal la ficción es consustancial. Podríamos decir que cuando la lengua funciona, se concilia el funcionamiento de la forma y la idea. hablar de algo es un acto de ficción tanto como escribir una ficción, tan solo los niveles de diégesis o de profundidad o capas de realidad las distinguen. 

La lengua crea  desde su misma consciencia. Los relatos bíblicos y de otras religiones, así lo demuestran: el hombre haPor esto mismo creo en la  tenido consciencia de la fuerza de acción de la palabra sobre la idea de la realidad. Dice Steiner de forma luminosa: "toda la historia de la ficción se aloja en la gramática del pretérito". 

El discurso, por tanto, es el grial de nuestras vidas. Dependemos plenamente de lo que verbalizamos y además volcamos en el discurso los sueños, las esperanzas, los recuerdos...todo lo que nos hace realmente humanos en la tierra. 

Esto llevado al campo de las manifestaciones individuales nos conduce a la inextirpable posibilidad de decir, es decir, los juicios literarios son en su mayoría irrefutables pues lo tendríamos que hacer con otro discurso. No hay método de juicio del discurso más que el del discurso. 

En definitiva, trato de llegar a la conclusión de que no existe método alguno para refutar una manifestación estética (lírica, narrativa o dramática) que no posea o bien argumentos discursivos o bien argumentos lingüísticos. Estos últimos, con los que el estructuralismo quiso llegar a la literalidad, al hecho en sí, ha dado buenos resultados, pero no dejan de ser tanteos que se escurren en la interpretación subjetiva del lector. 

Por esto mismo creo en la instrucción individual del espíritu, es la manifestación diáfana de las obras que pertenecen al devenir de la espiritualidad común y ancestral. Así las cosas, puede uno leer a Marcel Proust con el mismo deleite que San Agustín. La materia del espíritu es inmensa y no son irreconciliables los términos de expresión, antes al contrario, son complementarios. 

Cuando San Agustín llega a Milán para aprender de San Ambrosio, manifiesta lo siguiente en el Libro V: " Y mientras habría mi corazón para captar la elocuencia con que disertaba, de igual modo entraba también la verdad con que hablaba. [...] la verdad es que aunque no me preocupaba de aprender lo que decía sino tan solo oír la forma en que lo decía mi espíritu acudía a la vez las palabras, que apreciaba, también el contenido, que descuidaba". 

Marcel Prout supo reconcilarlo todo en un pasaje de crisol: el tiempo en su propia búsqueda. Una obra que confiere al lector lo propio de la lírica, deshacer el ruido del tiempo en una sola cosa.  


sábado, 14 de enero de 2017

De la naturalidad en poesía y la mandolina de Vivaldi.

EL CONCIERTO de mandolina de Vivaldi es un prodigio y un ejemplo máximo de inteligencia creativa. No contaba Vivaldi con una tradición sólida, edificante, con la que construir sus composiciones musicales para un instrumento que irrumpía en su tiempo. Sin embargo, el equilibrio entre el órgano y la mandolina, entre sus modos de ejecución y sus timbres, otorga una propuesta renovadora y fascinante. 

Esto mismo llevado a la poesía nos puede ayudar a encontrar una propuesta personal, equilibrada, que contraiga en una misma razón creativa  lo contemporáneo y lo esencial. Para ello, debemos contener en el imaginario lo que otros hicieron con maestría al tiempo que debemos mantener una labor frenética de búsqueda continua de expresión. En ocasiones, para la poesía, la búsqueda es silencio. 

Siempre me pareció Vivaldi un compositor extraordinario, una suerte de Valéry de la música por lo que mostró en su prodigiosa capacidad creativa. La música de Vivaldi posee momentos deslumbrantes, únicos, geniales. El concierto de mandolina es uno de ellos. 

Hablaba del equilibrio en la poesía y en cómo puede uno aprender de ese proceso tratando de entender a artistas de distintas disciplinas. En la historia de la poesía hispánica uno de los periodos que me mejor supo conciliar lo nuevy lo antiguo fue el Renacimiento (puede que el mejor). Cervantes está en ese parnaso de autores que sirven de goznes entre una época y otra; pero también Manrique, Garcilaso, fray Luis. El caso de san Juan de la Cruz lo dejamos como un ínsula extraña en el devenir de nuestra lírica, por su extraordinaria y singular propuesta. Posteriormente, Quevedo, Lope y Góngora, cada cual con sus propuestas personales supieron recoger el fruto cierto de estos lírico renacentistas, no renegaron de ellos, antes al contrario, los llevaron al extremo de su expresión lingüística. 

Sea cual fuere el caso del poeta de marras, lo cierto es que busca uno perpetuamente lo que denominamos la naturalidad en poesía. Y parece que, con el tiempo, la naturalidad consiste en el encuentro de la individualidad con la pluralidad, de la voz monódica que se incardina en el sinfónico decir de lo permanente. Cuando eso sucede, en el himno gigante y extraño, el decir poético trasciende su tiempo y se desprende del autor que la germinó. 










miércoles, 11 de enero de 2017

Más frágiles, más vivos, más fieles.

LA GRACIA de escribir es como la gracia de ser, se tiene o no se tiene. Hay escritores que por más que se empeñen en querer desarrollar la gracia, el don, el talento, el genio no lo logran. Lo mismo sucede cuando uno lee que un grupo de poetas van a hablar en torno a J.R.J. aun sin que ellos hayan manifestado jamás en sus versos un ápice de la herencia juanramoniana. Pero la literatura o, en mejor decir, los vestigios y aledaños de la literatura están en ese calibre, en ese estadio de mediocridad. Solo nos queda ser cronista del derrumbe. No hay salvoconducto por la originalidad. 

Por eso mismo vuela uno a su refugio personal, solitariamente decidido a desdecir lo que le provoca estas siniestras actuaciones. Lo siniestro, ah, lo que me detona todas las malas vibraciones posibles, cada vez más derramada en más individuos que desean ser lo que jamás serán. 

Se me viene a la mente Marcel Proust, agarro el volumen y lo transcribo: «Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita, el edificio enorme del recuerdo». 

Y así pasa todo de hito en hito, ya me reconfortan muy pocas cosas, quizás las que siempre fueron verdaderas. me alejo de lo siniestro, de lo que nunca fue verdad y me arrojo a las manos límpidas de F. a la piel de E. al susurro de M.C. también al suculento armonizar de la noche copiosa y las música promiscua del ser.   

  

martes, 10 de enero de 2017

París, el olvido de sí y la razón oculta.

HOY he recordado aquel paseo por la orilla del Sena cuando éramos todavía fugitivos. Ibas agarrada de mi mano y llevabas el libro de Cortázar en la otra. El frío era de un rigor estatuario, nos relegaba a que los cuerpos estuvieran juntos, en socorro. A cada paso, me leías una página, un pasaje, un capítulo del libro con la cara iluminada. En el Ponte Neuf casi nos chocamos con el señor que estaba tocando la guitarra, -el tango de Gardel en la ribera es danza de luz-, pero nada nos hacía salirnos del momento de vida. La tarde completa, contemplando la anochecida en nuestro jardín preferido, es la estampa de la plenitud en nuestra memoria. Nunca estuviste tan bella como en aquella sentada de horas en la Place Dauphine.     
Cortázar nos había entregado para nosotros el episodio de la noche anterior en Polidor y el castillo sangriento seguía latente en nuestra fragilidad de frugales individuos que pensaban en la vida intacta.
Uno de los pasajes que leías de Rayuela lo recuerdo con exactitud cristalina, andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Era el tiempo del encuentro y ese encuentro perdura hasta estos días, estas mismas tardes en el sur que tanto se asemeja a la caída de la luz en la piedra de París.   
Creo que este episodio ha remontado hoy en la memoria por sobre los demás porque la luz es la misma de entonces y esa luz me ha hecho preguntarme por lo que somos, por lo que fuimos en ese momento y no atisbábamos. Por esto mismo, tomando del libro otro texto, voy entendiendo los pasos juntamente y como se preguntaba el escritor, por  las razones de arriesgar el presente por el futuro, entiendo que estabas ya como razón de amor, como razón de la vida que ahora nos supera y compartimos.  
(Relatos)

lunes, 9 de enero de 2017

Palabra, alma, estilo, tiempo y verdad.

LA palabra humana es el don que nos une con lo incomprensible.

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"Busca en ti mismo la paz del alma", decía Marco Aurelio; sostén tu palabra y tus acciones en el surco de ese encuentro, me digo en silencio.

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¿Has visto aquella barquita menuda soportando el oleaje contrariado sobre sus tablas? ¿Ves cómo se mantiene a flote, cómo busca el equilibrio, cómo desafía el vaivén cambiante de los coros y las voces de lo siniestro?

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El estilo es el abandono de todos los estilos; la voz es la confluencias de voces en polifonía.

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Con el tiempo, lo que menos soporto es la incoherencia ética en los hombres y eso consiste, ni más ni menos, en decir una cosa y hacer otra.

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Cuando uno se entrega con verdad tan solo desea recibir verdad. Por eso hay selección continua en todo.






domingo, 8 de enero de 2017

El tiempo es lo que queda de este sueño y y tú eres la materia de esos sueños.

PARECE que el tiempo es en sustancia una pátina que va disolviéndose a medida que los años avanzan. Digo los años por utilizar una palabra, un vocablo, pero, con todo, la certeza de que existe una circularidad y una renovación perpetuas es cada vez más diáfana.  Nuestra materia va tomando la escansión hacia la muerte de ese tránsito y nuestra vejez puede que no sea más que un desgaste de volver a ser siempre lo que fuimos. 
No sé si me explico en abierto en el párrafo anterior, pero podríamos decir que somos como naturaleza: una y diversidad, un cambiante carrusel de seres que son siempre los mismos, el mismo. El árbol se mantiene en su idea de árbol más allá de sus circunstancias y cambiantes formas. Lo propio con nosotros, una vez adquirida la idea ética de qué pretendemos ser la consciencia anida en ese presupuesto por siempre. 
Sin embargo, a cada vuelta y cada transformación se produce un despojo  (amistades, palabras, libros, viajes, objetos, vida misma) y, al tiempo, una prístina semblanza en la consciencia comienza a tallarnos la finitud en la frente como sucede en los últimos cantos de la Commedia. Las señales son cada vez más claras, comenzamos a ver sin ver, a escuchar sin escuchar, a vivir sin tener vida. 
La invisibilidad se hace colorida y alrededor suenan los chelos con la música cautiva del ser. 

Y de repente, como advertía Dante, llega el momento de la consciencia plena, el punto en que nadie es imprescindible en tu vida, en que se evidencia si las raíces y la hondura de nuestra estancia habían sido profundas, verdaderas, blancas. El viento de las contrariedades zumba y zarandea los cuerpos. En ese estadio, todo lo que devenga será dádiva sobrante, extensión periférica. Pareciera que todo comienza a tomar su pulso exacto:  el mar, las nubes, el aire, la amistad, el puro amor providente. 

Y vivimos de hito en hito, acompasados por la figura de la noche en nuestros ojos. 





lunes, 2 de enero de 2017

Danzas y flautines en la tarde. Cancioncilla por añadidura.

ASÍ CORRE el comienzo de la nueva estación. Diego Ortiz, Luis de Millán, Mudarra, Cabezón y Pastrana van inundando la tarde con la cadencia de la música renacentista. Una música que se encontraba en un estadio que tengo para mí como muy fructífero, pues en este periodo música y poesía vuelven a reconciliarse como nunca antes lo habían hecho. 
La palabra acomodada a una cadencia muy cercana a la música de su tiempo; en paralelo, la música avanza al socaire de las composiciones líricas, como si hubiera ido creciendo en inmensidad hasta hacerse independiente. En esas etapas de acercamiento, que para verlas tendremos que esperar hasta el XIX, las dos disciplinas que adoro me han dado momentos de placer y de gozo, me siguen agrandando como lector y escuchante.  

Especialmente la pureza lírica de estas composiciones, con el tiempo, me han ido dando muestras de su gran cualidad como elemento creativo. Más allá del exacerbado sentimentalismo, anida en ellas una pureza natural, un decir pulcro, una soltura rítmica que me fascinan y que, al tiempo, me hacen volver al inicio de todo. Es lo que denomino la música del idioma, la sonoridad revivida en la palabra poética. 

El inicio es la vuelta a la palabra primera, a la búsqueda del decir propio en poesía. Difícil trabajo el del discurso propio, pues está en la naturaleza del ser ir con el cambio, acontecer a la medida en que la consciencia se transmuta. Por eso mismo, la poesía es palabra en el tiempo y nos vuelve hacia nosotros, hacia lo que comenzamos a ser.   


(Invierno 2017)



VI
Las nubes, a lo lejos,
en la llanura,
confunden a tus ojos
con la hermosura.