jueves, 25 de octubre de 2007

SOMBREADOS

Justo cuando coinciden el profesor y el antiguo alumno, ocurre en El Conformista una de las lecciones de filosofía que el cine guarda con orgullo. Los planos, la luz, el atardecer perdiendo fuerza y el juego de ventanas acompañan el diálogo que mantienen el antiguo pupilo y el avejentado maestro. En esta película, Bertolucci, versionando a Alberto Moravia, dejó claro que la fuerza inventiva es cosa de luces y sombras. En todo caso, encuentro en el camino del conocimiento.
Por cierto, la escena es tan prodigiosa que hasta Emilio Lledó la rescata en La memoria del Logos cuando diserta sobre el mismo Platón. ¡Vale, fue Lledó quien me delató su existencia y me sacó de mi caverna!

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