domingo, 23 de julio de 2017

20 aforismos de calima.

La propiedad ontológica de lo bello consiste en que siempre es real.

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La perfección del amor es su verdad.

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Toda conmoción en el poeta sucede con la aritmética profunda del silencio y la soledad. El poema no es consecuencia eventual de una vivencia.

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La poesía convierte lo incognoscible en territorio de la intuición luminosa.

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Como un acuífero subterráneo, invisible, permanente, fluctuante, la poesía desvive al poeta que llega a escuchar su paso bajo su cuerpo

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Cuanto más leo a los poetas del día, como decía Machado, más se hunde la lengua, la construcción ética...lo que queramos que sea Literatura.

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El alma de cada individuo es una mónada de música y plegaria. Está dentro y dicta lo que somos.

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A. Machado en <Los complementarios>: "Lo anecdótico, lo documental humano, no es poético por sí mismo". Machado, otro olvidó de este tiempo.

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Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.

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En el estertor del canto del pájaro en la madrugada suena un vaticinio de fábulas y contrapuntos.

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Nos esforzamos por disuadir el límite de lo que somos cuando somos precisamente el accidente del límite.

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El deseo de estar en nuestro ser es la palabra.

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Todo concepto es, a su vez, infinitos conceptos.

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Lo que menos, la falsedad, porque en ella las personas dejan el don de su origen en el suburbio de sus instintos.

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Nada puede tener un destino que no fuera su origen.

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Como todo ensueño contenía su amarga levedad.

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La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta.

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Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo.

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Suena Monteverdi al tiempo que la luz de la mañana órbita en los ojos. Por unos instantes se ha desvelado una verdad que no sé descifrarla.

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Hay quien encuentra, en poesía, el sendero y calla; quien no lo ve nunca y quien cree estar en él aun no habiéndolo transitado nunca.












domingo, 2 de julio de 2017

El ritmo celeste de Hölderlin y san Juan de la Cruz. La búsqueda infinita del interior.

SOBRE la mesa, apilados, tres libros: Hölderlin, san Juan de la Cruz y la Biblia. Trato de entender el paisaje que siluetea tras la ventana que da al Neckar. La paz de aquel cuarto era una ligazón inexpugnable con Naturaleza; algo parecido a la prisión del carmelita, oscuridad, recogimiento pero preñada de luz.  
Cuenta Wilhelm Waiblinger que al poeta alemán, le encantaba trabajar los huertos de la finca, le fascinaba realizar las faenas de la finca. Como si Hölderlin hubiera de encontrar en aquellas acciones cotidianas la cordura más preclara e irresistible. El testimonio de Bettina Von Arnim ofrece un episodio característico para entender qué era la vida y la poesía para el poeta: "Todo no es más que firmo; el destino del hombre es un solo ritmo celeste, como toda obra de arte es un ritmo único".  

Existen dos poemas que desarrollan esta idea en forma poética, a saber: "Vida más elevada" y "Humanidad más elevada". Podemos leer versos como el siguiente:

Otorgado en su interior es otorgado a los hombres el sentido
[...]

Por esto mismo, esgrimimos que una cuestión es el saber y otra el entendimiento, que una puede adquiriste con el esfuerzo y la lectura y que otra deviene de sí hacia nosotros, que una cuestión es resultado de la voluntad propia y que el entendimiento es el preclaro destino que se manifiesta en el individuo. En san Juan de la Cruz lo leemos así:

[...]
"Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
[...]


Por último, en Proverbios (4: 18) podemos leer:

[...]
La senda de los justos es como la luz del alba
que va en aumento hasta llegar a pleno día
[...]
Porque son vida para los que las encuentran
y curación para toda carne.
[...]
Tantea bien el sendero de tus pies
y sean firmes todos tus caminos.

Hölderlin y el poeta carmelita son dos ejemplos de permanencia en el sendero, en el sendero propio de Rilke, en el trazado interior que nada turba porque está repleto de sentido único y razón, de luz y de firmezas. Como proverbios sigue uno leyendo y hallando el sentido en unos pocos libros, -doctos, como quería Quevedo-, en la búsqueda infinita del interior.


sábado, 1 de julio de 2017

Villarroel, y McCullers, fumo en la pipa de Jung.

AL PASO DE LA EDAD, enunciado de Quevedo, da unidad a los textos que se agavillan en este 2017, textos que siguen como una rueca al movimiento de un individuo que las mueve. Ha pasado una década desde que comencé a dar pábulo a este diario. Como un flujo sanguíneo incombustible, la lectura ha sido la nutritiva esencia de las palabras que hubieran querido llevar al diario y, claro está, de las que han quedado. porque un diario siempre encierra más silencios que bullicios. 
Me conformo con que estas páginas hayan sido, en algún momento de gratitud, una caja de resonancia de los textos que he ido leyendo, pues así entiendo el ejercicio literario, como una transformación contemporánea del escritor con los textos que ha leído. En ese trazado personal el lector contempla que existe un territorio permanente y unos márgenes de transformación. El tiempo del lector debe actualizar la permanente esencia de la literatura.  

Para ello, cada lector traza un itinerario de lecturas que no tiene establecido previamente sino que nace y emana de los propios libros y autores que va leyendo. Al cabo de unos años, el lector observa que el laberinto comienza a ensancharse pero que solo hay un puñado de textos oraculares y numinosos que vuelven a alumbrar allí donde no había luz ni paraje. Esos textos terminan por convertirse en la propia vida y la vida en un estuario inquieto y desasosegaste de la realidad y el deseo. 

Bien valieran estas palabras de mi admirado Diego de Torres Villarroel para aplicarlas a nuestro tiempo: "Anda tan perdido el idioma castellano, que ni en la pluma ni en los labios se encuentra". No estamos ante el prurito de un filólogo y amante de la palabra, sino de un lector del corpus de una obra en un idioma. Creo que las lecturas de las obras en nuestra lengua ofrecen un arsenal inmenso de referencias y vínculos a otras realidades literarias. Desde su origen, la prosa castellana, ahora española, ha tenido su raigambre en la literatura que otras culturas han traído a nuestra península y sería muy enriquecedor seguir esa ristra de referencias culturales y literarias en autores de nuestro tiempo. La música de la prosa española tiene en los autores hispanoamericanos una factura de mezcolanza sobresaliente y ellos fueron lectores de la tradición hispánica pero también de la nueva oleada de autores americanos, lectores del Popol Vuh y de Faulkner, del Lazarillo y de Hemingway.  

Todavía creemos que cuando uno escribe tres palabras en inglés en un texto poético, que cuando introducimos el vocablo "videojuego" o "código" o "inside" nuestro texto alcanza la altura de la modernidad. Pero, ¿han leído a Pound? Y, aún más, ¿han revisado el Diario de Colón, han pasado sus retinas por los textos de San Agustín, de Quevedo, de Borges? Autores que han ofrecido el magisterio de integrarse en su tiempo desde la permanencia y no de ser apocalípticos, como diría Umberto Eco, en su tiempo. 

En esto, como en todo, las pautas sociales establecen usos que embaucan a los escritores, a los ciudadanos que leen esporádicamente y que los que poseen el mercado editorial acentúan nada más que para vender y rentabilidad su inversión. Si uno dice que Carson McCullers o Alice Munro son la esencia de la prosa sublime, los autores no leídos acuden a copiar banalmente y sin creación a esas autoras para que puedan colocar su libro en una u otra editorial. Pero, ¿han leído el ensoñado mundo prosístico de Proust, han paseo la línea de sombra de Joseph Conrad, han sucumbido al total designio de Thomas Mann, han acudido, acaso por casualidad, a Cervantes?

Anotaciones, ideas, contratiempos que anoto en este cuaderno ora de vida ora de literatura que cumple una década exactamente en este mes de julio. Cuaderno que comenzó persiguiendo lo que Jung llamaba "el camino de lo venidero" con el que el espíritu trata de integrar el sentido y el contrasentido para alcanzar el suprasentido. En ello seguimos, por siempre, como ahora, viviendo lo no vivido. 

jueves, 22 de junio de 2017

Ser consciente es no estar en el tiempo. Pandémica y celeste.

LEER Y ESCRIBIR son los dos ejercicios que más me unen a la realidad, pues los dos suponen un trastoque del tiempo y del espacio en la mente. La realidad leída es tan verosímil como la realidad vivida, aun más, puede que a fuerza de imaginación, como decía, Montaigne, la experiencia lectora termine por ser más enriquecedora y nutricia que la vida de alcoba. ¿Dónde se va encontrar uno a un personaje como Gregor Samsa, dónde a un Leopold Bloom o dónde a un Pessoa vertido en sus diarios y heterónimos?

Decididamente, leer es vivir y eso no lleva a negar la realidad circundante sino, más bien, a relativizar la valía de esta en nuestra experiencia de vida. Los individuos que no leen terminan por clonarse en aquello que tanto me deslumbró de Herbert Marcuse, el hombre unidimensional. Leer es pluridimensional siempre y si la lectura es de suyo literaria y construida con los ambages de la humanidad, será siempre una huella indeleble en nuestra vida. 

La lectura transforma. Hay libros que nos hacen pasar de consciencia, algo así como pasar de una dimensión a otra de la realidad. Dante es uno de esos autores de la luz, por ejemplo. En este punto, si la lectura no transforma, sino que solo mueve el placer de pasar un rato frente a un objeto, el lector deja de ser todo lo lector pudiera. No consiste este argumento en desdecir el hecho de leer, antes al contrario, en defender el acontecimiento de leer con plena consciencia de que leer es una fascinación para el hombre. 

Pensemos que leer es un hecho artificial en nuestras vidas, no necesitamos leer para que nuestro organismo funcione, para que respiremos, comamos o amemos a otra persona. Leer es un acto individual pleno, pero que, sin embargo, nos incardina en la pluralidad de la vida humana y del cosmos. Nos entendemos en el silencio de la lectura más que en el bullicio de los monosabios. 

Decía Eliot, en Cuatro cuartetos: "Ser consciente es no estar en el tiempo"; y es eso mismo lo que provoca la lectura. También, de un tiempo a estar parte, escribir se ha convertido, para uno, en el envés de la lectura, en la desembocadura de toda la carga de lectura.

Solo en el tiempo de la lectura se conquista la lectura. Somos un misterio y una sombra indescifrables, una acaudalada existencia que conjetura lo que desea aun sin saberlo, una metafísica que no entiende su física, una impostura que anhela volver a la verdad prístina.    

sábado, 17 de junio de 2017

Poesía, ¿hoy y siempre?

Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo. No existe la superación en las artes, menos aún en la poesía. No es superior Virgilio a Dante, ni este que Borges ni Cervantes. La superación opera sobre formas fosilizadas que han dejado de decir: cosa contraria le sucede a la poesía.
La poesía es la superación del pensamiento articulado por lo que no hay tiempos en la poesía. La palabra poética es transformación y permanencia.
La poesía es una reconciliación momentánea, en el tiempo y en el espacio, del hombre con el mundo. Depende de la armonía que habite en el poema, de la fidelidad de la palabra establecida, así de misteriosa y edificante será al leerla. Por eso el proceso de lectura y escritura, acaso de transmisión de lo poético, es similar a una dramatización de lo literario en que intervienen unos personajes que se igualan, con la ficción, y que participan y actúan en la obra.
La poesía es, antes y después, condensación de la infinitud. Ella nace sin comunicar nada: se intuye, se prevé en la memoria y por eso Platón defendió lo visionario con tanta vehemencia y por esto mismo dejó al margen al poeta: su estancia es de otro territorio. Es una visión que no comunica: solo es. El silencio es el contorno de la creación, de lo que va siendo amorfo. Los griegos rodearon esa materia intuida de musas para que otorgaran el orden que quedara fijado por las artes, pero quizás la memoria primordial proviene de ese silencio que envuelve y precede; los poemas puros contienen la memoria originaria, la que contiene a la humanidad y la revela parcialmente. Un poema es una memoria colectiva del silencio universal.
¿Puede existir en lo contemporáneo? Sin duda, pero cada cual tiene una idea de qué es la poesía conformada a partir de las lecturas que ha realizado, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporáneo parece que obvia la tradición y lee tan solo a sus allegados. Esa falta de lecturas y de experiencia lectora se trasluce en los poemas: no hay ritmo, no hay música, no hay recursos, no hay reflexión, no hay experimentación…tan solo una expresión, en líneas cortadas, que hablan de los desahucios, de los partidos políticos, de las religiones, de las cervezas y los cubatas, de los videojuegos, de las masturbaciones, etc.
Creo, sinceramente, que se equivocan de género literario. Quizás habría que mostrarles que hay géneros literarios más adecuados para expresar lo que quieren expresar, porque la creación poética es otra cosa. La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta. 

viernes, 16 de junio de 2017

Esfinge y espigas. La lentitud de las luz.

CAMINO secreto el de este diario. Sendero oculto de un solo individuo que escribe tras leer, que escribe tras vivir, que lee para vivir. Sonoras y, al tiempo, insomnes estas palabras que vuelcas casi a diario. Sin rumbo, norteadas tan solo por el hecho de estar en el mundo.

Cada vez son más lentas estas palabras, pues contienen un símbolo cada una de ellas. Lentas y repletas de búsqueda. Nunca estuviste más lejos de la confirmación.  

Elipsis de los días que son elipsis de la vida. todo lo que sucede en el blanco es en el fondo la esencia. El silencio es plegaria ya para los pájaros que escuchas en la mañana. Con Monteverdi todo es diáfano y reluciente para ti. La naturalidad de la poesía que no existe es tan deseosa como un sueño tirado por los caballos de Parménides. La esfinge ha resuelto susurrarte al oído.  Suelta ya la espiga de tus manos y déjala caer a la tierra volátil de la levedad.      


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[...]
La sacudida azul de la mañana revierte la ascensión a este camino en sortilegio y paz, en transhumancia hacia el salmo bendito de la noche.
[...]
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Suena Monteverdi al tiempo que la luz de la mañana órbita en los ojos. Por unos instantes se ha desvelado una verdad que no sé descifrarla.

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La historia de los falsarios en literatura viene de antiguo, pero no de los que saquen sin mencionar, sin citar.
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Me ha pasado en varias ocasiones, pero cuando leo algo que me han copiado, en el fondo, lo tomo como una adulación secreta.
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Hay quien encuentra, en poesía, el sendero y calla; quien no lo ve nunca y quien cree estar en él aun no habiéndolo transitado nunca.
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[...]
Antes de que la noche dé en tus ojos cuida el tacto márfil de tus días;
[...]
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Con el tiempo, he podido comprobar que hay dos actitudes que me provocan una gran repulsa, en vida y literatura: la falsedad y la codicia.


miércoles, 7 de junio de 2017

La poesía debe conducir a los principios subyacentes de la realidad.

LOS GIRASOLES y con ellos el trigo segado anuncian la llegada de la calima, también del cuerpo de Proserpina entregado al silencio silbante del Mediterráneo. En este tiempo busco ya solo el discurso bello de la transparencia. 
Como decía Parménides: debemos romper la pared de las apariencias. Eso exige una tremenda concentración y el desarrollo de una consciencia profunda y nítida. Es el arranque de la plenitud. 
Esa ruptura conduce a contrastar que existen unos principios que se repiten una y otra vez en todo. En ese punto, el discurso de la transparencia se hace evidente. Ya las palabras no son necesarias, pues no comunican nada en ellas; esa realidad perpetua le es indistinta. 

Qué paz más absoluta cuando uno es solo uno y se aleja del silbo extrañado de los náufragos. Leo, vuelvo a leer, nutricia actividad que no necesita multitud.  

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Arrancó la recolecta de aforismos que se iban desperdigando en el Trópico desde hace casi una década. Lo que comenzó como un juego, una propuesta sin más, terminó en una agavillada reunión de brevedad que se titulan "Suprema moralidad". J.R.J. me ha dado las luces para el título de su árbol de la literatura. Espero que nadie me robe el título ahora que lo escribo por primera vez. 


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Todo es un sonido concorde. Anida dentro de ti. Escúchalo; el arte es un cauce. Hacia su aritmética nos dirigimos y en ella seremos.
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El trigo, rubio y vencido, exalta el verde cuerpo de los girasoles como corifeo e himno.
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Las palabras de un poema verdadero no buscan significados, contienen significados propios.
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Leo, releo, pienso: "No puedes reconocer el no ser, no puedes hablar de el, porque el pensamiento y el ser son la misma cosa" (Parménides).
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Tomar la memoria de los poetas, como carroña, para las zarandajas políticas es una muestra más de que este país está putrefacto de poesía.
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Evidenciar que la poesía de hoy es todo aquello que se aleja de la poesía es una lección de claridad.
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Sabes qué es literatura porque sigue siendo la misma a pesar de que no podamos decir el qué. La literatura es descriptible no definible.

sábado, 27 de mayo de 2017

A más Parménides menos Platón.

Y, releo a Parménides por entero, en una edición filológica, meticulosa, que se adentra en la transmisión textual del poema. Si es verdad eso de que, al fin y al cabo, los filósofos son literatos, puede que ningún texto filosófico haya superado al poema de Parménides como manifestación suprema de la ética-estética. Con Parménides entiendo que las cosas, para que puedan revelar su significado esencial deben ser contempladas.


El amor a la literatura es soledad; con María Zambrano: "escribir es defender la soledad en que se está" ("¿Por qué se escribe?").

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Quien no conoce el amor no entiende el nosotros.

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Libertad no conozco sino la de haber sido nadie, como Ulises, como ser uno siempre en nada.
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[...] La vida está en el arco de tu sangre, -óvalo transparente y desvestido-, como suceso de la luz y trama [...]
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En Literatura el estilo es designio y huella: el sonido de la palabra en su timbre y pensamiento nunca inventados.
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Cuanto más te alejes del logos tu palabra irá siendo una hueca resonancia de la nada.

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Desde Parmémides, en poesía se evidencia, como en ningún otro género literario, lo que es tanto como lo que no es.
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Cuántos Antístenes, Crates de Tebas, Diógenes de Sinope y Menipos, cuántos cínicos y tristes, cuántos. Floripondios del arte poética.
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Detrás de un hombre o hay palabras o hay acciones. Y pienso que las palabras son acciones en el ideario de lo que mostramos.
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Hubo un tiempo en que la literatura era una forma de transmisión de las Humanidades, de conocimiento. Aunque parezca inverosímil.

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La ignorancia conduce a la envidia y remonta en vanidad. En la ignorancia todo es egolatría. Nunca la belleza procede del silbo ignorante.


lunes, 22 de mayo de 2017

Estación olvido. Focea.

TODA la noche leyendo a Kingsley. Los oscuros lugares del saber (Atalanta) me redescubre a Parménides, su poema, y matiza la transmisión platónica del conocimiento metafísico del poema. 
Anida en ese poema un misterio iniciático que me condujo al umbral de piedra. No quiero pasar el umbral, ni alejarme de él. Ese umbral no tiene altura ni medida, tan solo sitúa el ser del individuo en el cosmos.

La noche parece guiada por los iatromantes y sacerdotes de Apolo hacia el templo subterráneo del ser. Hay una resonancia sapiencial y un rito de silencio. Leer, en ese punto, es un ejercicio espiritual de asimilación y de despojo: nada de lo real vuelve a ser lo mismo, todo se torna hacia su leve estancia, una levedad infinita y estruendosa.

Está latente una incubación del conocimiento en lo profundo de ti. Todos, a poco que tomemos la espiga adecuada, descendemos al magma inicial en el que todo cobra su valor y su reflejo. Como los foceos y navegantes antiguos, entendemos el mar y sus confines, pronunciamos las cumbres sonorosas de la finitud. Todo es calma y fuego en la noche, en la noche prematura de la luz. 

Cuando leer es un auxilio ante la estulticia, cuando leer es un arraigo irrenunciable con el modo de vivir, cuando leer convierte el sur de tu boca en la estación olvido y te hace un foceo, un hombre más, en la multitud y el murmullo. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Un estado de abismo para el poeta que debe dilucidar entre ser y estar en el mundo.

LA prosa remonta en ocasiones como una suerte de tentativa que trata de dar explicaciones a lo que acontece en la vida. Como especie, como humanos, hemos definido lo que somos con la secuencia narrativa de los hechos. Ya sea con mitologías culturales, históricas o con las mitologías de alcoba, necesitamos un resorte mayor en que asentar nuestras ideas para que nos convenzan a nosotros mismos. tal es nuestra debilidad en el cosmos que ni siquiera confiamos en lo que sucede a nuestro alrededor como real y verdadero. Como si necesitáramos el amparo de una argumentación superior para que nuestras ideas soporten la levedad del ser acudimos a la palabra. Por eso es logos y por eso mismo nos deriva al jardín de senderos que se bifurcan entre el ser y estar en la literatura.

Esa disposición, a poco que uno aprecie la lírica, se va desmontando y disgregando hasta configurar un todo que sucede en aleph. Lo narrativo es una sucesión demasiado unívoca frente a la concentración y el crisol de realidades que convoca la lírica. 
La lírica, y en ella, la poesía: un punto en que se concentran todos los puntos de nuestra vida; un tiempo que aglutina todos los tiempos; un espacio que deja de ser espacio para ser totalidad.

En los acercamientos a esa tentativa el silencio irrumpe con demasiada nitidez. De la monodia narrativa al himno lírico y de ahí al magma del silencio. Existe un estado de abismo para el poeta y ese estado consiste en la disyuntiva entre ser en el mundo o estar en el mundo, entre entregarse al mar tras el canto de las sirenas o amarrarse y silenciar su voz hasta encontrar de nuevo el confín y el sentido.

Mientras todo sucede, la sociedad estipula la geografía superficial de la literatura como sucedió siempre. No es nuevo este panorama de sinrazones en la literatura y uno debe mantenerse en el equilibrio y en la estación de paz de lo que sucede. Las artes han tenido siempre cauces diversos de sucesión, por un lado, los oficiales, los que demandaban la sociedad, por otro el rumor oculto de los escritores que entienden el ejercicio como una responsabilidad ética. Es cierto que, en ocasiones, han confluido estas vertientes, pero no es lo habitual ni constante.

Y están, en todo esto, los que dicen una cosa y hacen otra, esos son los más falsos y peligrosos. Los que defienden unas ideas de la literatura pero actúan de forma contraria; los que ajustician sobre lo que debe ser la literatura pero luego defienden y se dejan arrastrar conscientemente en las aguas y los lodos de la falsa belleza literaria. Cuando escribir y publicar se convierten en ejercicios sucesivos en la vida de un individuo debería este, si da alcance su entendimiento, estipular qué medida tiene su palabra.

Esta estampa me conduce a la reflexión sobre la propia conducta humana, en ese nivel de pensamiento trato de llevar últimamente las palabras que consigno en este diario. Me va importando poco lo cotidiano, mucho menos lo vulgar y en ningún caso la fatalidad de estar rodeado de siniestros individuos. La posición ética en el mundo traslada a la construcción literaria un barniz estético que refleja, cuando se da, belleza y verdad. De la misma forma sucede al contrario, un texto oscuro, siniestro, sin literatura manifiesta la geografía humana del que ha publicado.  

Lo verdadero nos devuelve al origen y la belleza de esa verdad nos establece la medida que somos. En ese reino real y reconocible de la literatura es en donde deseo permanecer, aunque sea solo contemplando, escuchando, sin decir nada, solo con el deseo de ser sucesivo, ondulante, pertinaz y diáfano de los días en esta tierra de raíces y orígenes. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Tierra a solas me siento, sin humanos. Oigo la vida.

PARECE un momento póstumo, pero se repite en cada amanecida. Leer en la soledad y mientras ellos duermen. Como un notario ya de lo que no volverá a repetirse al menos en el recuerdo más próximo. 
No es un desasosiego o una náusea, antes al contrario, es el hito diario de vivir lo que celebro. Y eso me sobrecoge y me alienta. Como si la diosa Hygieia, como dice mi admirado Joseph Campbell, anidara en la atmósfera próxima de la respiración y nos insuflara la vitalidad de lo vivo. 

Creo en ello como en una revelación que aún no entiendo. Como si estuviera presenciando un tránsito que me sobrecoge pero que no acaba de entender. Una música secreta parece envolverlo todo, una música de raíces primarias, que propone ritmos puros de existencia, en el que solo prepondera el ritmo y la corriente orgánica de la vida. Como afirmaba Cioran, "Oigo la vida". 

Y en esa escucha, en esa contemplación permanente de lo oculto, la poesía ocupa el espacio de lo posible. La poesía que me silencia, me eclipsa, me desdice de todo lo que trato de decir. Un volcán vocabulario de sensaciones que van más allá del respeto, de la veneración.  

La palabra es un mapa desdibujado que se ha convertido en territorio total e ilimitado. No hay márgenes, no hay límites, no existe la consciencia de estar perpetrando un poema o una composición poética. Es una totalidad, repito, y escribo con tembleque de niño. Se me vienen a la cabeza los poetas de siempre y los entiendo con  más claridad aún: san Juan, fray Luis, Donne, Baudelaire, Rilke, Leopardi, Hölderlin, J.R.J., pero sobre todo Platón. Y con Platón toda la lírica primitiva antigua y las grandes epopeyas que no hicieron más que evidenciar con la palabra la ausencia de tiempos en la humanidad, las eternidades mantenidas que, en ocasiones, con el verso de Vicente Alexandre que titula el texto nos hace creernos tierra a solas...sin humanos. 




sábado, 6 de mayo de 2017

Toda mi alma, amor, por ti es consciencia.

CASI a punto de cumplirse diez años de Trópico de la Mancha de continuo, sin cesantías, sin interrupciones, sin corchetes temporales, sin cesiones al olvido y demás, sigo escribiendo en esta volandera hoja con más freza que entonces, acaso con más decisión y equilibrio.
Han cambiado muchas de cosas desde la primera vez que comencé a someterme al dictado del diario, al gozoso placer de enfrentarse como un gimnasta a la escritura diaria. Ello me ha dado muchas evidencias de lo inalcanzable, también de lo paupérrimo (que es lo que prima).
No es esta ya ninguna moda como pudiera entenderse hace años; la mayoría de los "modernos" ya no están; los que habían llegado como consecuencia de la vida siguen latentes y en la transformación natural de las cosas.
Como este mismo diario: transformación y permanencia son sus constantes. Ya no escribo a diario tomando la aritmética del calendario, sino que vivo el diario hasta que comienzo a escribir en él. Los días ya no significan una estación cerrada, sino un umbral de comienzo; la noche no es el momento final de la escritura, es el inicio más protuberante y exótico.

Y he tomado un verso de J.R.J. que puede resumir a las claras esto mismo que siente uno después de estar en la edificación de una obra, -pequeña, recoleta, almibarada-, que ya contiene diez años de itinerarios. Caminos que reciben los siguientes nombres:

ESCRIBIR LA LECTURA (2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)


CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

AL PASO DE LA EDAD (2017)


El verso de J.R.J. es el que titula este texto: "Toda mi alma, amor, por ti es consciencia", porque si algo he tomado tras los ejercicios de lectura, vida y pensamiento es consciencia (limitada, siempre, sí) del dictado del alma. Un sonido profundo tañido por la verdad que nos habita y por el origen que buscamos cuando dejamos de ser en nosotros leve vanidad y nos mostramos como río transparente, como verdad imbuida en los símbolos de la humanidad. 


sábado, 29 de abril de 2017

Mañana Rachmaninov y el espíritu del tiempo.

MAÑANA Rachmaninov, como el invierno perpetuo que me amamanta. La lluvia y el gris me apasionan y en ellos, frente a ellos, me fascina mirar por la ventana al horizonte. 
Como estos días de lluvias repentinas llevo demasiado tiempo pensando en la escritura. Y en el hecho de leer y, por ende, de vivir. Sé del movimiento cíclico de la reflexión y de las apariciones de las dudas y de las fantasmagorías de la indecisión en esto de leer y escribir. En mejor decir, solo de escribir, porque leer es un hecho ya de continuo, sin ambages ni rémoras. me refiero, esos sí, a escribir. Cada vez estoy más tentado de dejar de hacerlo, de mudar para siempre y resguardarme de volcar por más tiempo expresión, creación alguna. 

Como la literatura, la vida. Observo los días con un talante distinto al de entonces. Esa mirada Rachmaninov, - salvaje, delicada, bella, volcánica-, cada mañana, sobre los cuerpos de E. y de F. me han trastocado demasiado. Ellos me han enseñando que existen cuestiones propias de la vida que no están en los libros; que la vida sobrepasa los libros, la lectura misma, pero que no es nada la vida sin la percusión literaria, sin su jalón semántico; que existe un equilibrio entre leer y vivir que es un trópico inencontrable pero una búsqueda feliz. 

Suceden como ejecuciones musicales paralelas, como la interpretación de una partitura que no es necesario interpretarla ya, pues con tan solo leerla en la mente es suficiente. Recuerdo ahora la anécdota entre Mahler y Rachmaninov, cuando el primero dirigía al segundo y no dejaba de interrumpir el ensayo hasta que le dijo la entelequia: "Hasta que usted no toque el piano tal cual lo escribió en la partitura no seguimos". 

Y puede que todo sea ya una manifestación de lo que mi adorado Hölderlin llamaba "El espíritu del tiempo".  La transformación y la permanencia, acomodar el cambio a lo permanente. Hallar el estado de quietud y de verdad en que refulgimos a su reflejo. Lo que aquí somos un dios habrá de ampliarlo, decía el poeta alemán. Y esa aritmética de la vida parece estar encontrando un circuito cerrado, un campo de acción ya recorrido, el viso de los límites que suenan a Rachmaninov salvaje, a pienso de luz, al corazón latente en el cuerpo de armonía.