miércoles, 22 de mayo de 2013

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                                                           L
                                                             M
                                                                A.

martes, 21 de mayo de 2013

EN el Tao Te Ching se encierran no pocas poéticas en cada página. Leer se ha convertido en una acción trascendental en estos días; cada tarde o a cada rato que abro un libro lo imagino como un momento mágico, como una acción épica, eso es, como una epopeya que estuviera viviendo. Releo con mucho detenimiento las siguientes líneas:

La virtud misteriosa es profunda y vasta
junto con las cosas retorna
y después alcanza la gran armonía con la Naturaleza.

En primer térnimo "virtud misteriosa": la escritura como la cualidad que señalaba J.R.J. para la poesía. Una vitud que no se enseña mediante la técnica, sino que anida y es connatural al ser, al mortal. Cuando un mortal posee ese don, esa inspiración, esa predispsición del espíritu lo llamamos virtud misteriosa, pues su origen nos es ajeno al resto por siempre. De ahí que el poeta verdadero busque un origen, un centro, su origen, su centro mismo, que solo él percibe como verdadero. No puede explicarse ni definirse, acaso sentirse. de la misma manera el poeta transmite energías siniestras y enegías viatles y límpidas.

Por otro lado, la poesía es un "retorno" a las cosas, esto es, a la realidad toda, terrenal y cósmica. Esto último impregnado de la realidad suprasensorial, la que nos penetra en cada respiración y está constituida por una música y una armonía.  Esta realidad es convivida entre el lector y el autor.

Así las cosas, el fin es la armonía con Naturaleza, es decir, con uno mismo, con su origen preclaro y el centro que lo define. Esa vuelta es un reconocimiento que pocos atisban, pues se necesitan la quietud y la contemplación. 

Por último, falta por mencionar que la esencia de la gran armonía está, a su vez, definida en el siguiente pasaje del Tao:

Lo miras
y no lo puedes ver.
Lo escuchas
y no lo puedes oír.
Lo usas
y no se puede agotar.

Si la literatura contemporánea contuviera al menos la intención de verdad y de pureza que anuncia el Tao, entre tanos otros textos de este cariz, seguiríamos venerando la Literatura de forma sagrada, pero no sucede así. Los textos se llenan de vanaglorias, de ridículas disquisicones, de rencillas que a nada llevan, incluso de protopoemas que es mejor deajr a un lado, por penosos. 

Es necesario, por supuesto, el tiempo de la Literatura.   

domingo, 19 de mayo de 2013

SERENO, con la tranquilidad de la noche, trato de leer y de escuchar el silencio hímnico de las palabras. Leer es una acción sublime, que despierta en el ánimo las escondidas emociones de la verdad y de la pureza que convocan la vida. El ruido de fondo es el ruido de la vida circundante, en la que viven en la caverna no solo viendo sombras y delirios, sino creyéndose ellos mismos la luz original. Esa es la mayor mentira, la más plena, también la más peligrosa y acechante. 
Sin embargo, es connatural de la literatura, como del resto de las artes, la claridad en sus manifestaciones. Esto se trasluce en la evidente presencia de un centro indudable de donde brota serena como de manantial, de donde su música es la música del mundo en ti mismo. En esa armonía, la atonía vital contemporánea de muchos que se piensan indispensables lo envuelve todo de la bella contemplación interminable del cosmos; pues esa atonía es mera hoja podrida y seca que cae al terruño hasta perderse.  


viernes, 17 de mayo de 2013

COMO lector, pues es esa la condición que quiero para mí y para la unidad de mi vida, tengo unas palabras de Kant como un salmo inexcusable al que acudo y con el que reflexiono. Son unas palabras que abren por lo menudo todas las dimensiones de la lectura para un lector. A saber: “Entre todas las ideas, la de relación es la única que no surge de los objetos, sino que puede establecerse sólo a mano del sujeto, porque es un acto de su independencia”.

Esas relaciones, como acción y creación independientes del hecho en sí de la palabra literaria, son el territorio en que deseo crear mi lectura. Fértil, húmeda, dimensionada por las formas y los cauces de expresión, avivada por el pensamiento y siempre, siempre rítmica estación de verdad y de pureza.

***

Suena Parsifal en toda la casa. E., cuando ve que me dirijo al equipo de música, comienza a mover el cuerpecito de un lado a otro y pone una sonrisa en la mañana. “Música”, le digo, “música” y ella sigue riendo y moviéndose de izquierda a derecha. Le sucede sobre todo con Mozart y Vivaldi, pero hoy, al comienzo de Parsifal ha danzado de otra forma, con otra entereza. 
Esto me ha dejado pensando en las significaciones ocultas para mí de la música y en la universal naturaleza de su materia: el sonido y el ritmo. E. vino al mundo ya con el sonido en su cuerpo, sin palabras, solo con la presencia del ritmo. ¿Estaría reconciliando ella esta mañana, pequeña y límpida edad, su vida con el mundo?

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El ser está en constante expansión, el ser del arte y del hombre que lo vive. Ars vivendi es un estarse en expansión diversa.  Lo razona Simmel con una pasmosa claridad en su palabra. El breve texto sobre Roma consiente una intensa relectura y una continuada reflexión. Simmel nos pone en claro la diversidad que somos aun necesitando la unidad que nos configura y asiste desde lo hondo: " así, como es deber de la moral crear, a partir de los intereses desligados y antagonistas, una unidad conciliada, así también uno de los motivos últimos de la satisfacción estética consiste en descubrir o crear una unidad a partir de un sinfín de impresiones, ideas y sugerencias en constante expansión.  


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Se titula "El alba", es un solo de laúd. Parece una garganta de la aurora sobre los collados y colinas acrecentando la luz y el infinito. 



jueves, 16 de mayo de 2013


LEO a George Simmel, Roma, Florencia, Venecia, con el deseo de penetrar en el misterio y el secreto de la belleza. Un libro es un instrumento adecuado para poder llegar a ese secreto. Para tal fin, el libro, como es el caso de marras, debe ser puro, verdadero en sí, por eso me alejo de todos los mamotretos que solo jalonan lo superficial y fugitivo. Quizás sea lo clásico, como suelen llamarlo, el único recoveco, en que  se atisbe esa naturalidad del arte. Escribe Simmel: 

“Hay una pretensión de verdad que afecta la arte, más allá de cualquier ley naturalista externa a él; una exigencia que ha de cumplir la obra de arte, aunque ésta emane exclusivamente de la propia obra de arte”.

He releído este párrafo en varias ocasiones para tratar de comprenderlo en su máxima profundidad. Lo he realizado ya que no hay un solo día en que no escriba y lea y viva de acuerdo con esa pretensión de verdad en el arte literario. No puedo entenderlo de otra manera sobre todo en estos años de penuria intelectual y de festín de vanidades. Los lectores se olvidan de que sus juicios deben partir desde una posición ética plenamente pura y verdadera. Tratar de objetivar el arte, como presencia indudable, desde la subjetividad es la tarea del lector.    

miércoles, 15 de mayo de 2013

VALÈRY dijo que la sintaxis es un valor moral. Esto mismo algunos lo aplican a los escritos políticos, periodísticos o culturales de la actualidad. Es posible hacerlo ya que la lengua todo lo crea y todo lo limita al igual que la ética, pero me quiero referir al valor moral de la sintaxis en la Literatura, pues es, en la creación literaria, el espacio en que la lengua se vuelve contra ella misma, se revuelca con sus taras y sus maravillas para intentar metamorfosearse en una nueva lengua. La lengua de siempre con los conceptos de nunca. 

Si el escritor no cabalga con ritmo propio en la sintaxis de una lengua puede sucederle dos cosas; la primera, que concluya, desde la vanidad, que la lengua necesita romper sus protocolarias reglas para poder decir más de lo que dice; la segunda, que la lengua es mero conducto de ideas y pensamientos y que poco importa su elegancia y estilo. Todos nos olvidamos de la tecera, el escritor no ha encontrado ni la musica de la lengua ni la música del ser que le inspira a tañerla. Solo cuando una lengua se encuentra ajustada su ritmo y a su música, presencias del misterio creador, el lector percibe que el autor fue lengua misma y fidelidad encarnada de la ética-estética.
Este afán de armonía se vislumbra puramente en la poesía. En la creación poética no existe la posibilidad de renuncias momentáneas al valor ético, no hay márgenes ni subterfugios a lo intrascendente para la significación del poema. Un poema es un valor ético-estético tal que lo anunciaba Juan Ramón Jiménez, pero también el lector debe mantener una posición ética y de valores morales frente al escritor y sus creaciones. Un lector es el espejo de ese valor anunciado por Valèry, la cueva, la bóveda en la que resonará, si existen, los acordes de los valores y los símbolos.

lunes, 13 de mayo de 2013

CUANDO me encuentro falto de estímulos acudo a Valèry: él testituye todos los que hubieran. Anoto en los márgenes, releo lo que hubere anotado antaño y vuelvo a leer sus Cahiers de hito en hito:

"el hombre solo es hombre en la superficie. Quitas la piel, disecas: aquí empiezan los mecanismos, entonces te pierdes en una sustancia insondable, ajena a todo lo que conoces y que sin embargo es esencial".

La materia insondable que cristaliza en el arte, en la creación humana de las formas estéticas que trasladan al mundo una posición ética frente a él. Un hombre, cuando escribe un poema o levanta una catedral, está ejerciendo un acto de humanidad: ofrece al mundo lo que es del mundo. En ese momento, deja su persona para ser en la totalidad, plural, en la armonía de la condición que lo sustenta. 

Con estas palabras de Valèry me sucede lo mismo que con las que escribió Keats a Benjamin Bailey el 22 de noviembre de 1817, a saber:

"Solo estoy seguro  del carácter sagrado de os afectos del corazón y de la verdad de la imaginaciónc-lo que la imaginación capta como belleza tiene que ser verdad ...así exista previamente o no". 

Leo palabras referidas a la esencia del mundo, tanto de las que anidan en el interior del hombre como de las que orbitan en los objetos y en las ideas. Unas y otras se muestran verdaderas, puras, sin atisbos de falseamiento. En todas ellas es necesario la limpieza de epíritu para apeciarlas, al menos, para haver batir su eco coral en nuestro estrecho entendimiento.